2023 será recordado como el año de la inteligencia artificial. Todo el mundo habla de ella. Muchos la desean y algunos la temen, mientras que otros la alaban. Un fenómeno global que afecta a muchos aspectos, incluidos los coches. ¿Cuántas veces se ha hablado en los últimos meses de IA y movilidad? Innumerables.

Para los cinéfilos, una IA es HAL 9000 de '2001 Una odisea del espacio', Skynet de 'Terminator' o cualquier androide que haya aparecido en alguna película, desde 'La guerra de las galaxias' a 'Blade Runner'. La realidad actual nos dice que son ordenadores conectados a la red y educados a través de miles y miles de millones de piezas de información.

Así que aún estamos lejos de escenarios de ciencia ficción, aunque algo se mueve y el camino parece estar marcado: la inteligencia artificial se apoderará cada vez más de nuestros coches. Y aquí te contamos cómo.

Verdadera conducción autónoma

Hace tiempo que se habla de la conducción autónoma. Algunos fabricantes siguen creyendo en ella, otros parecen haber tirado la toalla, ya sea definitivamente o esperando a que llegue el momento. Lo cierto es que existen los primeros ejemplos de nivel 3, es decir, con posibilidades limitadas de dejar que el coche maneje la dirección, los frenos y el acelerador. La inteligencia artificial podría ser el verdadero punto de inflexión. 

Coches capaces de conducirse solos gracias a sensores cada vez más sofisticados y precisos, cuyos datos son procesados en tiempo real por una IA capaz de tomar decisiones en distintos escenarios. Desde el tráfico urbano hasta los largos traslados por autopista. Sistemas capaces de aprender cada cierto tiempo, para adaptarse a diferentes situaciones. Y con funciones predictivas, basadas en la información del sistema de navegación por satélite o de fuentes externas.

Quedan cuestiones pendientes, por supuesto, como la responsabilidad en caso de accidente (en el Reino Unido serán los fabricantes) y las decisiones que debe tomar la IA en caso de peligro. Una cuestión que aborda la plataforma Moral Machine, desarrollada en el seno del MIT (Massachusetts Institute of Technology) cuyo objetivo es crear un código moral para enseñárselo a las inteligencias artificiales. 

Nissan ServCity

Un prototipo de taxi autónomo de Nissan en Londres 

Infoentretenimiento avanzado

Ya hoy estamos acostumbrados a subirnos a coches habitados por monitores cada vez más grandes. Instrumentaciones digitales, pantallas para los pasajeros delanteros y traseros o Head-up Displays de realidad aumentada son el presente, pero en el futuro serán aún más sofisticadas gracias a la inteligencia artificial.

Desde asistentes de voz evolucionados (DS ya lo está probando con la integración de ChatGPT en sus modelos) capaces de realizar acciones complejas para gestionar todos los aspectos del coche, incluso de forma automática, con interacciones más fluidas y eficientes. Una vez más, el software podrá evolucionar con el tiempo, aprendiendo qué pistas de música reproducir en función de quién conduzca. Las actualizaciones OTA (over the air) también serán aún más precisas y puntuales.

Más vale prevenir que curar

¿Cuántas veces hemos encendido el coche y ha aparecido una avería inesperada? Testigo encendido y visita obligada al mecánico para repararla, con un desembolso económico considerable. En este caso, la inteligencia artificial ayudará en la vigilancia constante del estado de salud del coche, con revisiones exhaustivas capaces de prevenir a tiempo cualquier avería.

BMW Proactive Care

BMW Proactive Care

La mejor ruta 

Si conduces habitualmente un coche eléctrico, ya lo sabes: el navegador por satélite es una herramienta esencial porque incluye las paradas de carga en la ruta. A veces incluso reserva automáticamente la estación de carga y el vehículo adapta la temperatura de la batería en el momento justo para que esté óptimamente preparada para 'repostar'.

Con la inteligencia artificial, este aspecto también experimentará una gran evolución, con un nuevo cálculo de la ruta en tiempo real en caso de cambios en el tráfico, las condiciones meteorológicas o el estilo de conducción. 

Siempre conectados 

Vivimos en un mundo de siglas y una de las más utilizadas en tecnología es IoT, o Internet de las cosas. Un acrónimo que identifica todos los objetos conectados a la red. No sólo los smartphones, sino también los electrodomésticos, las luces, los sistemas de alarma y los coches. Una red global para comunicarnos con todo lo que nos rodea, gracias por supuesto a la inteligencia artificial.

El IoT es en lo que se basan las ciudades inteligentes (smart cities), en las que semáforos, edificios y vehículos están conectados y 'hablan' entre sí. Una gran cantidad de información que hay que ordenar para evitar atascos y accidentes.

Sólo los coches capaces de conducirse a sí mismos y con un infoentretenimiento evolucionado pueden permitir el nacimiento de ciudades capaces de gestionarse a sí mismas a través de la IA. Vehículos que se comunican con otros vehículos para señalizar su presencia u obstáculos en la ruta, semáforos que anticipan la luz roja, etcétera. Todo, gestionado por un complejo software que se adapta según las condiciones.

Actualización sistema multimedia Mercedes-Benz

Sistema de infoentretenimiento de Mercedes-Benz

Los peligros  

Los puntos tratados anteriormente se sitúan entre la ciencia y la ciencia ficción. Son tecnologías en desarrollo, a veces aún inmaduras, pero que forman parte de los planes de fabricantes y gigantes de la tecnología. Pero como nos han enseñado cientos y cientos de libros y películas de Hollywood, la inteligencia artificial también alberga riesgos.

Desde luego, no hay por qué temer una rebelión de las máquinas, pero confiar en programas informáticos cada vez más complejos no siempre resuelve los problemas. A veces incluso los crea. Uno de ellos es el de la ciberseguridad: miles de millones de datos que viajan por la red deben estar blindados y a prueba de piratas informáticos.

El riesgo no es sólo ver cómo los datos personales caen en manos de atacantes malintencionados, sino también que nos roben el vehículo (este es un caso límite, por supuesto) o dejar de tenerlo bajo control porque alguien ha conseguido entrar a distancia en el sistema para manejar la dirección, el acelerador y los frenos. 

Por eso, en 2021 se creó una norma de ciberseguridad para automóviles llamada ISO 21/434, con el fin de guiar a los fabricantes en el desarrollo de sistemas seguros y a prueba de intrusos.