Prueba BMW 118d 5p: especie en extinción

En el mundo de la automoción, cada vez es más difícil que un modelo se diferencie del resto de contrincantes. El BMW 118d 5p lo hace, al ser el único compacto de propulsión trasera del mercado. Esta cualidad lo convierte en un claro objeto de deseo para aquellos que les emocione la conducción, sea cual sea el desplazamiento. En esta prueba, te damos las claves de un coche digno de ser protegido como una especie en extinción. 

Frente a sus rivales de Audi y Mercedes-Benz, el BMW de acceso a la familia del fabricante alemán presenta una fisonomía muy característica, con un capó alargado y un habitáculo retrasado. En este punto, también sigue su propio estilo, desmarcándose de las líneas más habituales. Como puedes ver, la marca alemana no se casa con unos patrones conservadores.

Si, como en este caso, añadimos el paquete deportivo M, con multitud de inserciones exteriores e interiores específicas (cuesta 3.644 euros), puede surgir fácilmente el amor a primera vista, decantándote por el alemán y renunciando a otros posibles 'amantes'.

 

Posición baja al volante

Nada más adentrarse en el habitáculo, además del diseño moderno y de gran calidad, se disfruta de una postura de conducción, a mi juicio, óptima. La posición puede ser baja, las piernas van estiradas, los muslos están bien apoyados y el tronco se encuentra sujeto, sin llegar a ser agobiante. Desde luego, la cosa promete...  

Detrás, el espacio disponible solo puede calificarse de suficiente. Lo cierto es que el BMW 118d 5...