Mercedes F100: la conducción autónoma comenzó aquí
Motor de seis cilindros alimentado con hidrógeno, células fotovoltaicas en el techo, faros de xenón y sistemas de ayuda a la conducción... Todo, en un coche de hace 27 años.
En muchas ocasiones, para comprender lo que sucede en la actualidad, tenemos que echar la vista hacia atrás. Al hablar de conducción autónoma, resulta curioso comprobar que, en el año 1991, Mercedes-Benz ya adelantó lo que, para la compañía alemana, suponía un ejercicio de diseño con este tipo de tecnología.
Recibió el nombre de F100 y aglutinaba una serie de soluciones, que, posteriormente, pudimos ver en muchos vehículos de serie de la marca. A pesar de su aspecto controvertido, con una carrocería muy alargada, el concept car germano ya ofrecía sistemas que ahora son habituales en muchos vehículos de los que conducimos a diario. Sin embargo, debemos recordar que estamos hablando de un prototipo de hace 27 años.
El techo llevaba dos metros cuadrados de paneles solares
Al margen del diseño, el Mercedes F100 se construyó con la intención de albergar la mayor cantidad de tecnología posible. Algunos de estos elementos, todavía, no están incluidos de serie en muchos vehículos que se venden hoy día.
Por citar algunos ejemplos, el F100 ya apostaba por la regulación eléctrica de los asientos y la columna de dirección o los sistemas de navegación GPS y el de monitorización de presión de los neumáticos. Por si esto no fuera suficiente, el prototipo incluía, además, control por voz, cámara de visión trasera e, incluso, un ordenador personal y un fax en el interior.
Tampoco debemos olvidarnos de los faros de xenón, cuyo diseño fue asumido por los Clase S (W221), de 2005. Por otra parte, el motor alimentado por hidrógeno se pudo ver, por primera vez, en el BMW Serie 7, una solución que, en aquellos años, parecía una alternativa real a los derivados del petróleo.
El conductor ocupaba una posición central
Por otra parte, toda esa tecnología que llevaba a bordo el F100 debía ser alimentada y el fabricante alemán lo solventó de una manera curiosa: instalando casi 2 m2 de paneles solares, capaces de producir más de 100W, para alimentar a la batería. Incluso las puertas, por citar otro ejemplo, se accionaban eléctricamente, mediante un pulsador.
El habitáculo también presentaba un diseño original, con una configuración 1+2+2; es decir, con el conductor ocupando una posición central (imitando, de alguna manera al mítico McLaren F1). También resulta sorprendente comprobar que el prototipo germano ofrecía un sistema de alerta por cambio involuntario de carril, otro de aviso del ángulo muerto, además de un control de velocidad de crucero inteligente, que funcionaba gracias a la información registrada por dos radares, así como un sistema de frenada de emergencia automática.
En definitiva, un ejercicio de diseño repleto de tecnología, que se adelantó un cuarto de siglo en materia de seguridad.
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