Un mal nombre puede arruinar la reputación de un coche. Aquí tienes 10 ejemplos que lo demuestran.

"Humor espeso y pegajoso que segregan las membranas mucosas, y especialmente el que fluye por las ventanas de la nariz". Dicen los gurús del marketing que el nombre de un producto (en este caso, de un coche) debe ser claro, preciso, memorable y conectar emocionalmente con el público. Pero con eso no basta. Y si no, mira como maltrata la RAE al pobre Nissan Moco, pese a cumplir rigurosamente con esos preceptos.

En un mundo global como en el que vivimos, elegir la denominación adecuada para un automóvil resulta cada vez más complicado. Además de todo lo mencionado anteriormente, debe tener una fonética agradable, esquivar demandas en la oficina de patentes y, lo más importante, evitar significados despectivos en los distintos idiomas. Como ves, todo un reto. 

Pero, por desgracia, no siempre sale bien. Y aquí tienes una lista con 10 ejemplos que lo demuestra.

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