No es superhíbrido, SUV, ni Eco, pero este diésel de 193 CV y 4x4 hace 1.200 km con un depósito
Y encima, el Skoda Superb gana en deportividad con el acabado Sportline. ¿Aún crees que un SUV es mejor?
Del Skoda Superb 2025, la última evolución de la berlina más grande de la marca checa, ya te hemos ofrecido todas las novedades en la web. De hecho, hemos publicado las pruebas del Superb en formato sedán y también del modelo con carrocería familiar, el Superb Combi. Una dualidad de la que, curiosamente, no puede presumir el Volkswagen Passat en su última generación.
También hemos analizado su gama, verdaderamente amplia, con motores de gasolina, diésel, mild hybrid e híbridos enchufables, de entre 150 y 265 CV de potencia, con tracción delantera o total y siempre con el cambio automático de doble embrague DSG.
Centrándonos en la versión PHEV, con 204 CV y etiqueta 0 de la DGT, ofrece carga rápida en corriente continua a 50 kW (10-80% en 26 minutos) y hasta 137 km de autonomía, gracias a la batería de 19,7 kWh de capacidad neta... pero no llega a alcanzar los datos de autonomía totales del los autodenominados "superhíbridos" chinos por el hecho de contar con un depósito de combustible más pequeño, de 45 litros de capacidad.
¿Buscas autonomía? El Skoda Superb la tiene
Sin embargo, echando un vistazo a la gama del Superb 2025, en su variante berlina, descubrimos la interesante versión 2.0 TDI 193 CV DSG 4x4. Esto se traduce en la última evolución del motor diésel de la marca, combinado con el cambio de doble embrague y la tracción total, algo que los superhíbridos chinos no ofrecen. Y todo, acompañado por un depósito de gasóleo de 66 litros (más 19,5 de AdBlue).
Galería: Skoda Superb 2.0 TDI 193 CV 4x4 Sportline
Echando un vistazo a la ficha técnica, y haciendo unos cálculos rápidos, con un consumo medio homologado de 5,8 litros cada 100 km, teóricamente, el Superb podría recorrer 1.157,9 km sin parar a repostar. Y aunque sé que no es un método demasiado científico, quería ver cómo iba la cosa en el mundo real.
Así que rellené el depósito hasta arriba y me lancé a la carretera, saliendo desde Madrid y circulando rumbo al noroeste. ¿Destino? El Cabo Finisterre (A Coruña, Galicia), donde la leyenda situaba el fin del mundo conocido en la antigüedad.
Y allí llegué, con un consumo medio que, durante el viaje se movió entre 5,6 y 5,8 litros cada 100 km y una autonomía estimada en el entorno de los 1.200 km, a una velocidad media de unos 113 km/h, según los datos del ordenador de a bordo, con aproximadamente un 5% de recorrido urbano, un 20% de carretera y un 75% de autopista.
Skoda Superb 2.0 TDI 193 CV 4x4 Sportline
Cubierta la primera parte del recorrido, con sol y el climatizador siempre a 21 grados, entre la velocidad 1 y 3 del ventilador, al día siguiente, tocaba iniciar la vuelta, con una primera parte muy lluviosa (siempre afecta al consumo), algo de carretera y mucha autopista.
¿Resultado? Un consumo medio de 5,7 litros cada 100 km, según el ordenador de a bordo, y una autonomía estimada de unos 1.170 km. Que no está nada mal. ¿Y por qué digo estimada? Porque podría haber superado con total seguridad los 1.200 km, llevando a cabo una conducción algo más eficiente (la media de velocidad fue de unos 114 km/h en este segundo sector). Pero superados los 1.100 km, decidí parar a repostar por precaución.
Sí, no me arriesgué a quedarme tirado sin combustible. Gasté unos minutos en echar unos 30 litros y seguí hasta mi destino, donde algo más de 1.400 después, aparqué el coche con un consumo medio final de 5,7 litros cada 100 km. Nada mal...
Skoda Superb 2025, motor 2.0 TDI de 193 CV
En cualquier caso, más allá de los datos, ¿dónde quiero llegar? Pues básicamente, al punto de afirmar que, para quien siga haciendo muchos kilómetros, y no quiera saltar a una nueva tecnología, que pueda ser complicada de entender al inicio, un moderno motor diésel todavía puede ser una solución verdaderamente interesante, tanto por eficiencia general como por coste de utilización.
Y es que, además del menor consumo, el precio del diésel sigue siendo ligeramente inferior al de la gasolina. Vale, no tiene distintivo ambiental Eco o 0 de la DGT. Pero seguramente, para quien haga tantos kilómetros al año, la etiqueta sea un elemento secundario... y las ZBE no sean su hábitat natural. E incluso, salvo que sean demasiado restrictivas, podrá circular por ellas con un coche 'C'.
En cualquier caso, da igual. Si se necesita un coche Eco, sin tener que andar 'cargando' con una pesada batería y los cargadores, ni lidiando con complejos modos de conducción, regeneración y recarga, siempre se puede optar por otros modelos similares, pero en formato mild hybrid, como puede ser el BMW 520d, con el que hubiéramos obtenido un resultado casi igual de bueno.
Skoda Superb 2.0 TDI 193 CV 4x4 Sportline, el interior
Skoda Superb 2025, plazas delanteras
Skoda Superb 2025, plazas traseras
Ahora bien, más allá del motor diésel, ¿en qué puntos más se sustentan los buenos resultados? En primer lugar, en la transmisión automática de doble embrague DSG, de siete velocidades, que además de ofrecer la navegación a vela, también se adapta al ahorro si accionamos el modo Eco.
Ese sería el segundo punto: el selector de modos de conducción, que se puede adaptar individualmente o a través de modos predeterminados, como el mencionado Eco, que predispone los principales sistemas del coche a ahorrar el máximo combustible posible.
¿Y el tercero? Pues la propia concepción del Superb: una berlina sin electrificación siempre va a ser más eficiente que un SUV electrificado. En primer lugar, por el menor peso, cifrado en 1.659 kilos. Y en segundo lugar, por unas líneas que permiten ofrecer un coeficiente aerodinámico mucho mejor, en este caso, con un Cx de 0,23 (15% inferior al modelo anterior).
Skoda Superb 2.0 TDI 193 CV 4x4 Sportline, 645 litros de maletero
Antes de finalizar, me gustaría destacar algún punto más del coche, como pueden ser el enorme espacio interior, sobre todo en las plazas traseras, un maletero que alcanza los 645 litros de capacidad o el aire deportivo que asegura el acabado Sportline.
En su contra, principalmente, encontramos esa silueta berlina que parece haber caído en el olvido, frente a los omnipresentes SUV, así como el estigma que pesa sobre los motores diésel en los últimos tiempos, alimentado cada cierto tiempo con informaciones y rumores sobre su prohibición o posibles medidas 'punitivas' contra ellos.
También, para algunos conductores, es posible que sus medidas sean demasiado grandes, con una longitud de 4,91 metros. Y cómo no, también hay que tener en cuenta el tema del precio. En un escenario inflacionista, este Skoda Superb cuesta 55.400 euros.
Personalmente, no me parece una cifra exagerada para un coche como este (no me compraría antes un Audi A6, por ejemplo), pero sí que se ve perjudicado frente a los superhíbridos por el hecho de no poder beneficiarse de los hasta 7.000 euros de ayuda del Plan MOVES.
Skoda Superb Sportline 2.0 TDI 193 CV DSG 4x4
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