Su coeficiente aerodinámico de 0,22 no es la base para un coche poco funcional, sino todo lo contrario.

¿Cómo te imaginas un coche con una aerodinámica tan cuidada? Quizá esperes que sea largo, con un frontal muy bajo y con una pronunciada caída de techo fluyendo hacia la zaga. Estas son al menos las características de muchos de los coches de calle con el mejor coeficiente aerodinámico (conocido como Cx), pero hay vehículos que pueden cortar el aire de una manera igual de eficaz pero sin ser largos, bajos y estrechos.

Un ejemplo de esto fue precisamente el Opel G90, un prototipo presentado en el salón del automóvil de Frankfurt de 1999, capaz por entonces de anunciar un coeficiente de penetración aerodinámica de solo 0,22, lo cual es una genial cifra. Para entendernos, cuanto más se reduce el Cx, mejor se abre paso el coche a través del aire, y las ventajas son obvias: menos ruido y, lógicamente, una reducción del consumo de combustible.

Galería: Opel G90 1999

Opel diseñó este concept como estudio de cara a las cada vez más estrictas normativas de emisiones europeas, buscando mejorar a nivel de eficiencia. De hecho, el nombre de G90 venía precisamente de las emisiones de dióxido de carbono que conseguía el modelo: 90 g/km de CO2.

Ahora la pregunta es, ¿cómo se las arregló el fabricante alemán para obtener un Cx tan favorable en un coche con unas formas al estilo monovolumen, que en teoría no son las óptimas en materia de aerodinámica?

Opel G90 1999

Alto pero con formas sutiles y curvas

La carrocería del Opel G90 tenía unas formas optimizadas aerodinámicamente, con el techo inclinado hacia la parte trasera, el portón muy vertical, las llantas carenadas (sin huecos, lo cual contribuye a la eficiencia) y, en general, unas líneas muy planas en los laterales del vehículo. Todo esto, sumado a los bajos también carenados (al igual que la parte superior del paso de rueda trasero), mejoraba el flujo de aire, y por tanto el rendimiento aerodinámico.

Otro aspecto importante de cara a conseguir que un vehículo sea lo más eficiente posible es la ligereza, y este prototipo alemán pesaba únicamente 750 kilogramos, gracias al uso de avanzados y ligeros materiales como el aluminio (incluida la plataforma) y el magnesio.

Opel G90 1999

Esta mezcla de aerodinámica bien resuelta y bajo peso, siempre resultaba ganadora. Así lo demostraba un consumo de alrededor de 3,8 litros cada 100 kilómetros (26 kilómetros por litro) y una autonomía total de 770 kilómetros con el depósito lleno, a pesar de que este tenía una capacidad de únicamente 30 litros de combustible.

Muchos rasgos del Opel Meriva

El prototipo era muy avanzado, tanto a nivel técnico como aerodinámico, pero eso no quiere decir que no fuera práctico: contaba con un maletero de 350 litros con las plazas traseras en uso, pero cuando los respaldos se abatían, alcanzaba los 980 litros. El respaldo del asiento delantero derecho también se podía abatir para crear una superficie de carga plana de 2,5 metros de largo. Este ejercicio de diseño inspiró después la primera generación del Opel Meriva, que se presentó en el año 2003.