Desarrollado sobre la base del Superb, lucía una atractiva imagen coupé.

El Skoda Tudor se vio, por primera vez, en el salón de Ginebra de 2002. Utilizaba como base la primera generación del Skoda Superb y equipaba un motor de gasolina 2.8 V6, con 193 CV, una caja de cambios manual de cinco velocidades y un sistema de tracción delantera. Oficialmente, aceleraba de 0 a 100 km/h en 7,9 segundos y alcanzaba una velocidad punta de 237 km/h. 

Galería: Skoda Tudor 2002

A principios de la década de 2000, Skoda ya se había emancipado de la dinámica de fabricación del antiguo Bloque del Este. Tras conocer las nuevas generaciones de los Octavia y Fabia, en 2001, los responsables de la marca se centraron en la creación del primer Superb, utilizando como base el Volkswagen Passat de la época.

Solo tuvo que transcurrir un año para que conociésemos al nuevo Skoda Tudor (hay que recordar que entre 1946 y 1952, la firma checa comercializó el Tudor 1101), mostrado al mundo en la cita suiza.

Zdeněk Cibulka, entonces responsable de Diseño de Skoda, comentó: "En el año 2000, Wilfried Bockelmann [jefe de Desarrollo de la marca] planteó un nuevo desafío: diseñar vehículos adicionales, sin olvidarse del trío fundamental de producción de la marca: Fabia, Octavia y Superb. De esta forma, surgieron varias propuestas, como un Octavia descapotable o un derivado del Superb. Desde el principio, estaba claro que nunca serían vehículos de producción, sino que se trataba de demostrar nuestra experiencia y capacidad para enfrentarnos con tareas más exigentes. En resumen, para demostrar de lo que eran capaces los diseñadores en Mladá Boleslav".

Skoda Tudor 2002

El equipo de diseño superó todas las expectativas. Bajo la dirección de Cibulka, se creó un elegante coupé, llamado Tudor, que impresionó totalmente a Wilfried Bockelmann.

Originalmente creado a una escala de 1:4, este vehículo creció en tamaño gracias a un ordenador y se desarrollaron la piezas necesarias de plástico en un tamaño más grande. En apenas un mes de trabajo, el modelo definitivo estaba acabado.

Además de por su carrocería coupé y el techo ligeramente inclinado en la parte trasera, dos líneas de cintura muy marcadas dominan la vista lateral: la que comienza en los faros y termina en la parte inferior de las ventanas laterales y la que conduce desde las manillas de las puertas hasta la zaga.

Skoda Tudor 2002

"Los primeros dibujos parecían muy diferentes, porque en realidad diseñamos un automóvil de exhibición, con un frontal y una zaga completamente nuevos, que diferían claramente de los del vehículo de producción de ese momento", afirma Zdeněk Cibulka.

"Luego obtuvimos el visto bueno para desarrollar una maqueta, pero tuvimos que amoldarnos al estilo de un vehículo de producción, en este caso, el Superb". Los diseñadores optaron por la parte delantera del Superb y una zaga, sin grandes cambios, excepto los pilotos traseros.

Las ópticas traseras eran una solución audaz. "Hasta ese momento, los pilotos eran un elemento menor a los que se le añadían las bombillas necesarias y poco más. El rol del diseñador se limitaba a proponer la posible forma exterior del mismo", recuerda Zdeněk Cibulka.

Sin embargo, en el Tudor, el intermitente y la luz de marcha atrás no están dispuestas una al lado de la otra, tal y como era típico en ese momento. Al contrario, el piloto intermitente estaba oculto detrás de la tulipa de la marcha atrás. De esta forma, la luz naranja aparecía en una superficie reflectante, que intensificaba la visibilidad de la misma. De ahí nació la distintiva iluminación en forma de 'C' de la marca.

Skoda Tudor 2002

El interior del Tudor estaba confeccionado con materiales de alta calidad en color negro Ónix, combinado con materiales de tonalidad marfil. Entre otros componentes, se empleaban un volante de diseño deportivo, de tres brazos, junto con dos pantallas digitales: una debajo de las salidas de aire centrales, para el sistema de navegación, y otra, más abajo aún, para manejar el sistema de climatización.

Una banda horizontal de aluminio mate aportaba al interior un toque deportivo. La configuración mecánica tenía una clara connotación deportiva, gracias a una potente mecánica V6 de gasolina, con 193 CV, antes mencionada.

Skoda Tudor 2002

Asimismo, la carrocería, pintada inicialmente en una combinación de gris y marrón, fue sustituida por el tono burdeos que puedes apreciar en imágenes, justo antes de su estreno mundial en Ginebra. Allí, el Tudor se ganó la admiración de los asistentes y luego se presentó al público checo, exponiéndolo en el Museo Skoda en Mladá Boleslav.

Curiosamente, el Tudor viajó a una exposición en la India, donde fue sustraído después de la conclusión del evento. Tras unos meses de búsqueda exhaustiva por parte de las autoridades, el vehículo fue hallado en una estación de tren y devuelto a la marca. Una vez en la República Checa, el vehículo experimentó una renovación completa.