Aunque los vehículos eléctricos parecen ser ahora la solución definitiva para el transporte por carretera, sigue abierta una ventana para la alternativa que representan los llamados combustibles sostenibles, como la gasolina sintética y el biodiésel.

Los combustibles bajos en dióxido de carbono derivados no del petróleo, sino de materias primas naturales como el hidrógeno y los vegetales, podrían representar de hecho una solución, incluso transitoria, para reducir las emisiones, salvando al mismo tiempo los motores de combustión interna y resolviendo el problema de la autonomía, que sigue siendo uno de los puntos débiles del coche eléctrico.

Biodiésel frente a batería

La investigación sobre el vehículo sin emisiones avanza cada día a pasos agigantados, pero por el momento, poder garantizar a un coche, o peor aún a un vehículo pesado, un alcance suficiente para largas distancias significa instalar baterías grandes, pesadas y caras, con una cadena de suministro que ciertamente no es 100% limpia, dado que las actividades de extracción de metales y fabricación de baterías siguen siendo de las más contaminantes.

Por tanto, los biocarburantes no están, en conjunto, tan en desventaja como puede parecer en comparación con los eléctricos puros: si bien es cierto que su combustión sigue produciendo  gases de escape, la cadena de suministro de biocarburantes de origen vegetal puede ser más virtuosa que la del petróleo y las propias baterías, o estar mejor compensada.

Combustible HVO

Estación de suministro de biodiésel HVO en Italia

Difusión creciente

Recientemente, muchas petroleras reconvertidas en empresas energéticas han empezado a invertir no sólo en hidrógeno, sino también en biocarburantes. Algunas de ellas, entre ellas el gigante ENI, están ampliando la distribución de biodiésel HVO (creado a partir de aceites vegetales) en las carreteras europeas.

DKW Mobility, por ejemplo, ha anunciado recientemente que ha puesto a la venta el HVO, mezclado con gasóleo tradicional en diversos porcentajes, en unas 650 estaciones de toda Europa, destinado a todos los vehículos, desde turismos a furgonetas y camiones, para los que el fabricante ha certificado la compatibilidad.

El verano pasado, el Gobierno italiano aprobó también la equiparación fiscal del biodiésel HVO con el gasóleo, lo que permite reembolsar los impuestos especiales del mismo modo y favorece aún más su difusión.

Biocombustible HVO 2

Un distribuidor de biodiésel HVO

Las ventajas

El acrónimo HVO, que significa "aceite vegetal hidrogenado", indica que se trata de un producto elaborado a partir de aceite de palma o de colza, pero también de aceite de cocina usado y recuperado.

Su balance de dióxido de carbono se calcula con el mismo criterio que el del biometano, es decir, teniendo en cuenta que la materia prima básica, las plantas, han absorbido una cierta cantidad de CO2 a lo largo de su vida y, por tanto, en comparación con los combustibles fósiles, parten con una carga negativa de gases de efecto invernadero.

Según este principio, una flota que funcione con biodiésel puede registrar unas emisiones de CO2 hasta un 90% inferiores en el caso del HVO100, en comparación con otra que emplee gasóleo convencional. 

Además, según los fabricantes, otros contaminantes de la combustión, incluidos los óxidos de nitrógeno, son también muy inferiores a los emitidos por la quema de derivados del petróleo.

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