Ford fabricó un Thunderbird con una turbina Boeing en los años 50
Se adelantó al famoso Chrysler Turbine en casi una década.
Cualquier aficionado al automóvil conoce la historia del Chrysler Turbine o ha oído hablar de él en alguna ocasión. Se fabricaron 55 ejemplares a principios de la década de 1960, y 50 de ellos participaron en un programa público de pruebas, que duró hasta 1966.
Si bien la mayoría de estos Chrysler Turbine fueron destruidos, hubo fabricantes que se adelantaron a su concepción, como es el caso de Ford, que unos años antes ya exploró la idea de equipar un automóvil con una turbina a reacción.
El modelo de la imagen es un Ford Thunderbird de 1955, pero dista mucho de ser un ejemplar de serie. De hecho, en sus entrañas no encontrarás el motor V8 292 de 4,8 litros y unos 200 CV que era habitual en la época, sino una turbina del mundo de la aviación.
La gigantesca salida de escape del lateral, justo detrás de la rueda delantera, ya deja entrever que no es un Thunderbird convencional, sino uno propulsado por una pequeña turbina de gas suministrada por el fabricante de aviones Boeing.
Ted Ryan, archivista de Ford, compartió la imagen del prototipo en su cuenta de Twitter, junto a un documento en el que se detalla el programa experimental, cuyo objetivo era explorar las posibilidades de las turbinas de gas en el automóvil.
Según dicho documento, la turbina en cuestión era una 8C de Boeing, con unos 177 CV de potencia. Entre los problemas de diseño que detalla el documento destacan la "inconveniencia del escape delantero" y el "considerable retraso en la aceleración al arrancar".
No obstante, el experimento también tenía sus ventajas, como una buena aceleración a velocidades medias, un funcionamiento suave y una favorable relación entre potencia y peso. Además, el diseño más sencillo de la turbina frente a un motor de pistón requería menos mantenimiento.
El coste de desarrollo de este modelo a reacción fue de 188.000 dólares en 1955, lo que hoy en día supondría cerca de 2 millones de dólares, o el equivalente a 1,8 millones de euros al cambio. Precisamente el alto coste de producción es lo que echó para atrás a Chrysler unos años después, y suponemos que Ford encontró el mismo problema.
Fuente: Ted Ryan vía Twitter
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