El buque insignia de la casa consiguió que Lancia resurgiera de los escombros de la guerra, con clase y tecnología, marcando una época.

Estamos seguros de que, en algún momento de tu vida, has escuchado el término Dolce Vita. Se trata de un periodo concreto de la historia de Italia, centrado en los años 50 del pasado siglo, justo después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda, la película homónima dirigida por Federico Fellini, en 1960, retrata mejor que nada ni nadie este periodo histórico y sus clásicos automóviles.

Una época que tiene su alter ego en forma de coche, representado por el Lancia Aurelia, el buque insignia de la casa piamontesa, que hace 70 años brilló con luz propia.

La disposición mecánica transeje (o transaxle) y el propulsor V6, el primero con esta arquitectura de producción, lo convirtieron en uno de los coches más demandados de su época, capaz de moverse con la misma soltura por los cafés de la Via Veneto, que por las curvas cerradas del Col de Turini.

Galería: Lancia Aurelia 1950-1958

La gestación del Aurelia comenzó mientras se batallaba en la Segunda Guerra Mundial, aunque el personal de Lancia trató de protegerse de todo lo que estaba sucediendo en el exterior. En un principio, se especuló con el uso de la tracción delantera, pero se descartó de inmediato. También se pensó en un bloque V8 o uno de cuatro cilindros, si bien finalmente se quedaron a medio camino, con el mencionado y revolucionario V6.

Mientras que Vittorio Jano, con un importante pasado ligado a Alfa Romeo, se ocupó del chasis, Francesco de Virgilio se encargó de la parte mecánica. Este último dio forma al nuevo y prodigioso motor, el primero del mundo con seis cilindros en V, instalando la caja de cambios en la parte trasera.

Lancia Aurelia 1950-1958

Este es el primer modelo nacido bajo la dirección de Gianni Lancia, hijo del difunto fundador Vincenzo, atesorando la ingeniosa solución de la carrocería autoportante, como en el Lambda de 1923, y que ya no se volvió a utilizar durante mucho tiempo. También fue el primer Lancia en ser bautizado con el nombre de una de las calzadas más importantes del Imperio Romano.

Lancia Aurelia 1950-1958

El Lancia Aurelia fue uno de los focos de atención del salón de Turín de 1950. En los ocho años sucesivos, experimentó tres motores basados en la arquitectura V6: 1.8 con 56 CV, 2.0 con 90 CV y 2.3 con 87 CV. Al mismo tiempo, también recibió algunos retoques estéticos, manteniendo las características puertas traseras suicidas, en el caso del sedán.

Lancia Aurelia 1950-1958

Casi de inmediato, se convirtió en el coche favorito de la alta sociedad de la época, pero Lancia también quería satisfacer el deseo de aquellos conductores con unos gustos más deportivos y lo consiguió con la ayuda de Pininfarina.

Lancia Aurelia 1950-1958

Un año más tarde, Lancia y Pininfarina presentaron el Aurelia B20 GT. Nacido del lápiz de Felice Mario Boano, dueño de Ghia, estaba destinado solo para unos pocos elegidos, pero el repentino auge en los pedidos transformó las previsiones iniciales.

La planta del conocido carrocero era insuficiente para atender las numerosas solicitudes, por lo que también se confió parte de la producción inicial a Viotti. El Aurelia B20 se convirtió, inmediatamente, en un coche de culto y conjugaba perfectamente las prestaciones de un deportivo, con la comodidad de un gran turismo.

Debajo del capó, estaba el bloque 2.0 de 75 CV, luego reemplazado por el 2.5 de 118 CV, permitiendo que el coche alcanzase los 180 km/h de velocidad punta.

Lancia Aurelia 1950-1958

En 1955, de nuevo gracias a Pininfarina, le tocó el turno al Aurelia B24, diseñado principalmente para las exportaciones al extranjero y propulsado con el motor V6 de 118 CV.

En aquella época, debía luchar frente a rivales como los Ford Thunderbird y Chevrolet Corvette, pero en Europa fue el objeto de deseo para muchos hijos de la clase media-alta. Un encanto tan fuerte que en 1962, cuando ya no se fabricaba, fue elegido por el director Dino Risi para llevar a Vittorio Gassman y Jean Louis Trintignant, a dar un paseo en la conocida película 'Il Sorpasso'.

Lancia Aurelia 1950-1958

La joya de Lancia, tanto berlina como coupé, demostró inmediatamente ser un excelente deportivo, sembrando con victorias, la gran alegría por el aumento de las ventas y el prestigio de la marca.

Fue el primero en pruebas como el rally de Sestriere de 1951, en el Montecarlo de 1954 y en el Acrópolis de 1958, al tiempo que protagonizó excelentes participaciones en la Mille Miglia y las 24 Horas de Le Mans. Un pasado que el Lancia Aurelia todavía saca a relucir en la actualidad, participando en las más importantes carreras de modelos históricos.

Lancia Aurelia 1950-1958

El Lancia Aurelia sirvió de inspiración para varios carroceros de la época. Sin embargo, fue Battista 'Pinin' Farina quien, después del B20 y el B24, siguió divirtiéndose con el Aurelia. Desarrolló modelos impresionantes, hechos a medida, como el PF 200, con su estilo aeronáutico; otros como el Cabriolet, derivado de la berlina; y el Florida, prototipo que más tarde inspiró el futuro Flaminia.

Lancia Aurelia 1950-1958

En Italia, el Aurelia conquistó a un buen número de adeptos, pero en el extranjero encontró más dificultades, debido a su elevado precio. El sedán costaba 2,37 millones de liras, como el Alfa Romeo 1900 Super. El B20 GT y el B24 valían casi tres millones de liras, mientras que el 1900 Super Sprint, firmado por Touring Superleggera, se conformaba con un precio de 2,8 millones de liras.

Lancia Aurelia 1950-1958

El Lancia Aurelia sigue siendo un objeto de deseo para los coleccionistas, sobre todo de fuera de Italia, que lo persiguen en las subastas de clásicos. Los precios actuales oscilan entre los 50.000 euros por el sedán (se construyeron 12.786 unidades) a los más de 240.000 euros por un B20 GT, de los 3.872 producidos.

Por el contrario, si tu sueño es emular a Gassman, entonces deberías ir preparando entre 435.000 y 1.300.000 euros, por una de los 761 unidades fabricadas del B24. Hablamos de un vehículo excepcional en su época que, en la actualidad, después de cumplir su septuagésimo aniversario, todavía sigue deslumbrado.