Coches iguales por dentro, diferentes a simple vista
Desde el nuevo Gamma de Lancia hasta las grandes familias de plataformas: te contamos dónde termina la técnica y dónde empieza el diseño.
Los coches modernos suelen partir de una misma base técnica, pero no se trata en absoluto de una tendencia reciente: desde las antiguas plataformas estadounidenses de General Motors y Chrysler hasta los grandes proyectos europeos, la industria siempre ha tratado de fabricar más modelos a partir de una estructura común; hoy en día, con grupos empresariales cada vez más grandes, esto se ha convertido en una necesidad.
El verdadero reto, sin embargo, no es ocultar el parentesco, sino transformarlo en identidad: porque varios coches pueden compartir plataforma, sistemas, proporciones y planta de fabricación, y aun así contar historias diferentes, si los diseñadores y los ingenieros saben dónde intervenir.
La Gamma y la plataforma que cambia de aspecto
El nuevo Lancia Gamma es el ejemplo perfecto para hablar de plataformas compartidas y del papel del diseñador: nace sobre la plataforma STLA Medium, se fabrica en Italia, en Melfi, y resucita un nombre histórico, pero lo hace con una carrocería de SUV fastback, muy alejada de la berlina y del elegante coupé de los años 70.
Aquí el tema se vuelve interesante: el Gamma no debe convencer porque 'nace por sí solo', sino porque consigue distinguirse dentro de una gran familia industrial. La plataforma es común a muchos modelos de Stellantis y nace, en esta generación, con el Peugeot 3008: de ahí parte la gramática del SUV fastback electrificado, que el Gamma y el DS Nº 7 reinterpretan con un toque más identitario.
El DS Nº 7 parte de una base común con el 3008, pero toma un rumbo diferente, no por sus dimensiones generales, sino por la búsqueda casi obsesiva del detalle y de soluciones llamativas.
El Gamma parte también de una plataforma común y opta por detalles menos sofisticados que los del DS, pero que evocan la elegancia de la marca Lancia, acentuada además por un marcado espíritu de familia.
El Peugeot 3008 estrenó la plataforma STLA Medium y marca las pautas iniciales: un SUV fastback, con laterales altos, superficies tensas, parte trasera inclinada y un habitáculo marcadamente digital.
Del Peugeot 3008 a Melfi, tres acentos sobre la misma base
El Peugeot 3008 es el punto de partida ideal: inauguró la plataforma STLA Medium y definió el formato del SUV fastback de nueva generación de Stellantis, con flancos altos, superficies tensas, cola inclinada y un habitáculo dominado por el gran Panoramic i-Cockpit. No es el 'padre' en sentido romántico, pero sí lo es en sentido industrial.
A partir de aquí, el Gamma y el DS Nº 7 trasladan el tema a un plano más identitario. El DS Nº 7, fabricado en Melfi al igual que el Gamma, interpreta la misma arquitectura con un frontal más espectacular, luces verticales y superficies más elaboradas; Lancia, por su parte, apuesta por una elegancia más gráfica, con frontal horizontal, zaga afilada, negro en contraste y una firma luminosa específica.
El DS N.º 7 parte de la misma plataforma que el Gamma, con una carrocería alta, una generosa distancia entre ejes y una parte trasera imponente, pero cambia de registro: el frontal más espectacular, los faros verticales y el acabado más refinado de las superficies apuestan por una presencia más elegante y claramente francesa.
El Gamma retoma las proporciones y la configuración general que comparte con el DS N.º 7, pero apuesta por una identidad más gráfica: además del frontal con el «family feeling» de la marca, presenta una parte trasera más afilada con una firma luminosa específica, y los acabados son menos decorativos, por ejemplo en color negro, en busca de una elegancia más sobria.
Al observar el Gamma y el DS N°7 uno al lado del otro, el parentesco se hace aún más evidente: capó relativamente corto y casi horizontal, habitáculo adelantado, flanco alto, nervaduras tensadas más o menos en los mismos puntos, parte trasera imponente y distancia entre ejes generosa. No son gemelas, pero hablan el mismo lenguaje industrial; la diferencia radica en la forma en que cada marca traduce ese lenguaje con su propio acento.
En el DS N.º 7 se aprecia una estructura sencilla, con un salpicadero amplio, pantallas de gran tamaño y un túnel central prominente, pero con materiales, texturas y mandos mucho más decorativos; el efecto que se busca es más bien el de un salón tecnológico, en consonancia con el posicionamiento de la marca, que hace mucho hincapié en la artesanía.
El habitáculo del Gamma muestra un claro parentesco en la disposición horizontal del salpicadero y en su amplio equipamiento digital, pero Lancia le da un toque diferente con el volante específico, unos gráficos más sobrios y la mesita redonda, un elemento simbólico heredado del nuevo Ypsilon.
Interior a la francesa y a la italiana
También los interiores reflejan bien este equilibrio entre parentesco e identidad: la estructura del salpicadero parece similar en su configuración general, pero DS trabaja en los gráficos, los materiales y la atmósfera de salón francés y tecnológico, mientras que Lancia introduce un detalle muy personal como la mesita redonda, heredada conceptualmente del Ypsilon.
Es un detalle fundamental, porque no solo cambia la decoración del habitáculo: cambia el mensaje. El DS busca un lujo más espectacular y casi de alta costura, mientras que Lancia intenta construir una elegancia más doméstica, suave e italiana; y es precisamente ahí, en un componente aparentemente secundario, donde el diseño deja de ser un revestimiento y se convierte en identidad. Resulta curioso, en este sentido, que el Gamma original, a pesar de pertenecer a un mundo completamente diferente, naciera ya de un proyecto inicial compartido con los franceses de Citroën.
El Fiat 500 y el Lancia Ypsilon comparten una base técnica similar, pero el 500 convierte esa plataforma en un objeto icónico: el modelo histórico se evoca a través de unas proporciones compactas, un frontal con líneas características, faros redondos y una carrocería de tres puertas, que en conjunto crean una imagen divertida, reconocible y con un posicionamiento preciso.
El Ypsilon de la generación anterior parte de la misma base técnica, pero la interpreta de forma opuesta: cinco puertas, una línea más estilizada y con mayor espacio interior, un portón trasero acristalado y detalles más elegantes buscan una identidad urbana, demostrando cómo una plataforma común puede dar lugar a dos caracteres muy diferentes.
El parentesco se convierte en cultura industrial
Y aquí está la clave: en sí misma, la compartición técnica no es un defecto ni tampoco una novedad, porque la industria automovilística lleva décadas viviendo de plataformas comunes, más o menos ocultas. Diseñar una base única y adaptarla a varios modelos permite contener los costes, los plazos y la complejidad de la producción, dejando más margen para la diferenciación visible.
Se ha visto en muchísimos casos, desde la familia Fiat Panda, el Lancia Ypsilon de la serie saliente, el Fiat 500 y el Ford Ka, los recientes Peugeot, Citroën, Fiat y Lancia de gama compacta, hasta el grupo Volkswagen con el Golf, el Audi A3, el Seat León y el Skoda Octavia, por citar solo algunos.
En todos estos ejemplos, el cliente no compra 'la plataforma', sino una posición en la gama, una imagen, una calidad y una forma diferente de vivir la misma base. El diseñador, por lo tanto, asume un papel fundamental para hacer percibir todo esto.
La interpretación de Giugiaro para el Lancia Thema, basado en la plataforma Tipo 4, presentaba una elegancia racional y casi institucional: superficies limpias, tres volúmenes equilibrados, gran luminosidad lateral y una imagen sobria de buque insignia, cuya vistosidad residía en su prestancia. De una plataforma compartida surgió uno de los iconos de la marca en los años 80.
El Alfa Romeo 164 partía de la misma arquitectura técnica, pero Pininfarina cambiaba por completo su percepción: un frontal bajo, parte trasera elevada, flancos muy tensos y un perfil más dinámico transformaban la base común en una berlina deportiva y personal, muy alejada de la sobriedad burguesa del Thema y casi de ciencia ficción en su debut.
Cuando compartir plataforma genera identidades marcadas
El caso más llamativo, también por razones históricas y estilísticas, sigue siendo, sin embargo, el de la plataforma Tipo 4: Lancia Thema, Fiat Croma, Saab 9000 y Alfa Romeo 164. Aquí, el parentesco técnico no impidió que hubiera cuatro personalidades muy diferentes, con el Alfa Romeo (de tracción delantera) diseñado en Pininfarina y los demás vinculados al trabajo de Giugiaro/Italdesign.
Es un ejemplo valioso incluso hoy en día, porque demuestra que la plataforma común no acaba automáticamente con el carácter; al contrario, puede convertirse en una prueba de destreza: cuanto más rígidas son las limitaciones, más debe saber el diseñador elegir qué elementos cambiar, cuáles conservar y cuáles hacer decisivos a los ojos del público.
El Suzuki Swace Hybrid no es más que una versión rebautizada del Toyota Corolla Touring Sports; salvo por algunas diferencias mínimas, se trata básicamente de un cambio de marca en las piezas intercambiables, como los parachoques.
Para la versión híbrida completa del ya de por sí singular Mazda2, la marca japonesa no solo ha tomado la mecánica del Toyota Yaris, sino también toda la carrocería: las diferencias, mínimas, se concentran en los emblemas, el volante y algunos detalles.
Cuando casi solo cambia la marca: el 'rebadging'
En el extremo opuesto se encuentran las operaciones de 'rebadging' puro, donde el proyecto permanece casi idéntico y cambian la marca, el frontal, los parachoques, los detalles y el equipamiento. Es una solución industrialmente sensata, sobre todo cuando se necesita cubrir un segmento sin desarrollar un modelo verdaderamente autónomo.
Los ejemplos son muy numerosos: el Toyota Corolla Touring Sports y el Suzuki Swace, por citar sólo uno de los 'rebadging' de los coches de Toyota, pero también el Volkswagen up!, el SEAT Mii y el Skoda Citigo. Más reciente es el caso del Citroën C3 Aircross y el Opel Frontera: las líneas generales son casi las mismas, pero el frontal, la firma luminosa, los gráficos y los detalles de la marca cambian la percepción.
La última generación del Renault Clio refuerza la atención al detalle y la sensación general de deportividad, con una nueva carrocería fastback y unos acabados inéditos en el modelo, propios de una categoría superior.
El Dacia Sandero siempre ha tenido una estrecha relación con el mundo del Clio, pero no como una simple copia: en las primeras generaciones utilizaba arquitecturas Renault-Dacia más económicas y derivadas de plataformas anteriores, mientras que hoy en día emplea una variante de la plataforma CMF-B, compartida con el Clio pero adaptada a la filosofía de Dacia. El resultado es un diseño más refinado que en el pasado, sin dejar de prestar atención a la relación calidad-precio y a la practicidad de uso.
Misma plataforma, mundos muy diferentes
Más interesante es el caso contrario, cuando la plataforma común se convierte en una base para reinterpretar. El Dacia Sandero y el Renault Clio pertenecen a la familia CMF-B, pero se dirigen a públicos diferentes: uno es esencial, robusto y accesible; el otro, más tecnológico, refinado y ambicioso.
En el pasado, para reducir costes, las marcas más económicas solían heredar plataformas más antiguas, incluso en Dacia; hoy se prefiere compartir arquitecturas modernas y modulares, adaptándolas luego a cada modelo. Lo mismo ocurre con Hyundai-Kia-Genesis E-GMP y Volkswagen MEB, donde las bases comunes dan lugar a coches muy diferentes.
Iguales donde no se ve, diferentes donde importa
Volviendo a Stellantis, la plataforma STLA Medium, que debutó con el Peugeot 3008, se ha convertido en la base de una familia cada vez más amplia de modelos, incluido el Jeep Compass, también fabricado en Melfi. Sin embargo, el Gamma y el DS Nº 7 sitúan el tema en un plano más identitario, adentrándose en el territorio de los SUV/crossover premium.
El nuevo Lancia Gamma debe interpretarse así: no como un coche 'menos Lancia' por compartir una plataforma, sino como un banco de pruebas. El parentesco con el DS Nº 7 se nota en las proporciones, en la configuración general y también en el salpicadero; pero el frontal, la parte trasera, los gráficos, los materiales, el volante y la mesita redonda cambian la historia.
El antiguo Gamma era una berlina, y luego un coupé, fuera de lo común: fruto de otra idea de automóvil, más cercana al gran turismo que al deportivo puro. El nuevo sigue siendo un modelo de gama alta, pero opta por la fórmula del SUV fastback, más acorde con el mercado actual; puede que no guste a los románticos, pero la verdadera cuestión es entender si, dentro de una fórmula compartida, Lancia sigue sabiendo hablar con voz propia.
Una plataforma es como un pentagrama: establece líneas, espacios y límites, pero no decide la música. El Gamma y el DS Nº 7 pueden surgir de la misma ficha técnica y producir sensaciones diferentes; cuando eso ocurre, significa que el diseño ha cumplido su función donde realmente importa: en la parte delantera, en el habitáculo y en la percepción inmediata.
Galería: Nuevo Lancia Gamma
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