Lancia Loraymo, el coche a medida estadounidense que hablaba italiano
Creado por un ingeniero estadounidense, el Loraymo es un ejemplar único con varias características especiales. He aquí su historia.
En el panorama de los coches personalizados italianos de los años 60, el Lancia Loraymo ocupa un lugar muy especial.
No sólo porque fue creado como un ejemplar único, sino también porque lleva la firma de un diseñador famoso por otras cosas: Raymond Loewy, el estadounidense que rediseñó botellas, trenes, paquetes de cigarrillos... y un Lancia Flaminia.
Un Lancia con corazón franco-americano
Corren los últimos años cincuenta cuando Raymond Loewy (diseñador francés nacionalizado estadounidense) decidió reinterpretar un Lancia Flaminia Coupé a su gusto. Lo hizoace para su propio uso, con la intención de crear algo que reflejara su visión estilística.
Lancia Loraymo (1960)
Confió la carrocería al especialista turinés en aluminio Rocco Motto, mientras que la mecánica pasó a manos de Nardi, que trabajó en el motor V6, aumentándolo de 119 a 150 CV. El coche se terminó en 1960 y cautivó tanto a su creador que lo presentó oficialmente al público en el 47º Salón del Automóvil de París.
El nombre 'Loraymo' es un acrónimo de su propio nombre y apellido (LOewy RAYMOnd) y es también la dirección telegráfica de su estudio. El coche fue utilizado por Loewy en Europa y después en Estados Unidos, permaneciendo durante años como un objeto misterioso hasta que fue encontrado y donado a Lancia por el presidente del Club Lancia americano.
Aerodinámico y rápido
El diseño del Loraymo no pasó desapercibido. La aerodinámica carrocería coupé presentaba formas originales y soluciones técnicas de vanguardia para la época. El frontal estaba dominado por una parrilla cónica, rodeada por un marco cromado que hacía las veces de paragolpes elástico.
Lancia Loraymo (1960), la parte trasera
Lancia Loraymo (1960), detalle del interior
Toda la silueta estaba diseñada teniendo en cuenta la aerodinámica, con detalles sofisticados como las cubiertas de las ruedas completamente cerradas y un pequeño alerón sobre la luneta trasera, una solución que se retomaría años más tarde en el Lancia Stratos HF. La luneta trasera panorámica envolvía la zaga del coche y sobresalía por encima del maletero, accesible sólo desde el interior.
La parte trasera, completamente lisa, albergaba un fino paragolpes cromado y grupos ópticos enrasados, mientras que los escapes divididos eran los únicos elementos que sobresalían.
Con una velocidad máxima de unos 190 km/h, el Lancia Loraymo no era sólo un objeto de diseño, sino también un coche de prestaciones importantes para su época. Hoy forma parte del patrimonio de la marca, un testimonio concreto de lo que puede surgir del encuentro entre el genio americano y la artesanía italiana.
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