Dentro de un segmento como es el de las 125, que recibe por igual tanto a jóvenes que se inician en el mundo de la moto como a conductores que provienen del mundo de las cuatro ruedas, la Brixton Crossfire 125 de esta prueba ha conseguido diferenciarse del resto de competidores rápidamente.

Y lo ha hecho de una manera sencilla: ofreciendo una moto urbana, con el valor extra de poder conducirse con el carné de coche, apostando por encima de todo por un marcado diseño retro, que pasa por ser su principal seña de identidad... convirtiéndose en el tema de conversación allá por donde pasa.

Para ello, no duda en recurrir a elementos 'neo retro' como la óptica principal redonda, las llantas de radios, unos minúsculos retrovisores redondos que nacen de la parte final del manillar...

Una moto urbana y de aire retro, con un precio interesante

Sin duda, el precio es otro de los elementos atractivos de esta Brixton Crossfire 125, que está disponible desde los 3.999 euros y puede escogerse en dos colores: Charly Brown Matt y Bullet Silver.

Además, para los usuarios más experimentados o que busquen unas prestaciones mayores, la firma del conglomerado austriaco KSR Group (que también distibuye Malaguti o Lambretta, entre otras marcas) ofrece una versión de 500 de la Crossfire, desde 6.499 euros, con un diseño prácticamente calcado al de esta 125.

Galería: Prueba Brixton Crossfire 125

En términos mecánicos, recurre al mencionado motor de 124 cm3 y cuatro tiempos, un monocilíndrico refrigerado por agua, que en ficha técnica anuncia 13,4 CV de potencia y 11,4 Nm de par máximo a 7.500 vueltas.

Curiosamente, en la propia tapa del motor podemos ver una cruz en la que se indican los cuatro puntos cardinales, en un guiño hacia el nombre de la propia moto. Porque no nos engañemos, quien acaba recalando en una moto como esta, también necesita de su correspondiente dosis de 'postureo'...

Prueba Brixton Crossfire 125
Prueba Brixton Crossfire 125

En esa línea de apuesta por el diseño, tampoco se queda atrás la zaga, con el piloto integrado en el estilizado colín, los intermitentes ubicados en el propio portamatrícula y la salida de escape, cuyo tamaño se ha reducido a la mínima expresión. Eso sí, la altura del asiento es de 810 mm, por lo que no resulta especialmente baja.

Por su parte, el cuadro digital aglutina toda la información necesaria en esta moto de corte minimalista, aunque es cierto que cuando el sol incide directamente, la visión del mismo no es del todo óptima. La iluminación es LED para todas las funciones y la curiosa llave se pliega al estilo de una navaja.

Prueba Brixton Crossfire 125

Asociado a un cambio manual de seis relaciones, el motor ofrece una buena respuesta a lo largo de todo el régimen de revoluciones, aunque es cierto que, si queremos extraer lo mejor de sí, debemos manejar el cambio de manera certera y buscar la parte alta del tacómetro.

A su favor, debemos hablar del consumo, cifrado en 2,6 l/100 km de media, lo que unido a un depósito de 11 litros de capacidad, permite moverse por la ciudad alejado durante unos cuantos días de la gasolinera. Pero también, un peso en vacío de 149 kilos, que hace que sea un modelo bastante manejable.

Prueba Brixton Crossfire 125

Por contra, la velocidad punta no es uno de sus puntos a su favor, ya que debe conformarse con 99 km/h, obligándonos a ir 'a todo lo que da' por vías de circunvalación, siempre algo apurados.

Tampoco se sentirá cómodo con ella quien llegue buscando el aspecto más práctico, ya que la segunda plaza del asiento es prácticamente testimonial y no hay huecos portaobjetos de ningún tipo. Es cierto que la tapa del asiento se puede levantar, pero apenas podremos dejar allí los papeles de la moto. 

Pasando a la parte ciclo, la Brixton Crossfire recurre a una horquilla invertida en el eje delantero y a un monoamortiguador en el trasero, en ambos casos, sin regulación de ningún tipo. Respecto a los frenos, se recurre a un disco de 300 mm, delante, y a uno de 218 mm, detrás, combinados con un sistema ABS.

Todo, para dar forma a una moto que te involucra en la conducción, ágil y divertida, aunque el motor transmite vibraciones con claridad y la suspensión puede resultar algo más firme de lo esperado, en un modelo que se va usar asiduamente por la ciudad... pero que se agradece cuando pisamos carretera.

En términos aerodinámicos, no ofrece protección alguna, pero lo compensa con un funcionamiento general muy suave, tanto de tacto de embrague y cambio, como de gas y frenos. Y todo, sin pasar por el alto el curioso detalle de sus neumáticos Maxxis con dibujo de tacos.