Cuando la primera generación del Mini llegó a la escena automovilística, en la década de 1960, se convirtió casi de inmediato en un vehículo extremadamente popular.

De hecho, con el paso del tiempo se posicionó como un clásico de culto para muchos, llegando a cualquier rincón del mundo, incluso en las zonas más inhóspitas del planeta, donde la nieve y el hielo lo dominan todo.

Como bien habrás supuesto, hay una historia muy interesante detrás del vehículo que estás viendo, conocido oficialmente, como Mini-Trac. Todo comenzó en Australia con Terry O'Hare, un nombre que puede sonar familiar a los fans más fieles de Mad Max.

Galería: Mini Wildgoose (1965)

Afincado en Melbourne, O'Hare participó en la construcción de algunas de las alocadas máquinas que se pudieron ver en la película original, pero antes de todo eso, fabricó una serie de vehículos especializados para la Expedición Nacional Australiana de Investigación Antártica.

Esas creaciones tenían carrocerías personalizadas y eran generalmente bastante grandes, pero O'Hare buscó una solución más pequeña y económica.

El Mini MK1 invadió casi todos los rincones del mundo con su pequeño diseño y su esquema de propulsión con tracción delantera. Los vehículos de tracción por orugas solían utilizar esta disposición, así que O'Hare básicamente sustituyó las ruedas y la suspensión del Mini, instaló un piñón en el diferencial y lo conectó mediante una cadena a un par de piñones de tracción.

Al vehículo se le acoplaron unas orugas de goma, de 180 milímetros de ancho, utilizando ruedas originales de Mini para las guías. Y así nació el Mini-Trac, uno de los vehículos más curiosos que jamás hayas visto.

Lo creas o no, el resto del vehículo mantuvo en su mayor parte elementos originales, incluidos los frenos de tambor traseros, que se utilizaban para derrapar a la izquierda o a la derecha y dotar de direccionalidad al vehículo. El motor original de 848 cm3 se sustituyó por el más grande de 1,1 litros utilizado en el Morris 1100, y obviamente se añadió un sistema de calefacción para el habitáculo.

Austin Mini pick-up de 1972, a subasta

Por lo demás, la transmisión de cuatro velocidades era de serie, y como estarás pensando, el vehículo se utilizó como parte del equipo australiano en su viaje a la Antártida en 1965, aunque fue desechado antes del final de la temporada tras numerosos problemas de fiabilidad, incluido un embrague quemado.

Según el vídeo, O'Hare construyó tres Mini con orugas. Solo uno de ellos se utilizó en la Antártida; más tarde se empleó en la cordillera australiana de Victoria y desapareció después de 1966. Otra unidad se construyó para Nueva Zelanda, pero no se sabe qué pasó con él. El tercero era el prototipo original con orugas más cortas y finalmente se vendió a Canadá, donde puede haber aparecido en 2009, con un aspecto muy modificado respecto a su forma original.

Decimos que puede haber aparecido porque no hay pruebas definitivas de sus orígenes, pero, sinceramente, ¿cuántos Mini de primera generación hay en el mundo con orugas en lugar de ruedas?

En el vídeo de 20 minutos que encabeza este post, del canal de Calum en YouTube, puedes obtener más información sobre este curioso Mini; si eres fan de la marca británica no te puedes perder todo lo relacionado con este vehículo de expedición polar. Merece la pena que le dediques unos minutos.

Fuente: Calum, vía YouTube