Cuanto todos los centros de diseño miraban al pasado, la marca de Detroit lanzó este concept.

La década de los años 90 estuvo marcada por la nostalgia. El diseño en el mundo del automóvil se recuperaba de la aburrida década anterior que, sobre todo en América, había dado lugar a los modelos menos interesantes y atractivos de todos los tiempos. De hecho, incluso iconos como el Ford Mustang sufrieron las consecuencias de aquellos años.

También fue una época en la que muchos centros de estilo miraban al pasado para inspirarse, y varios de estos proyectos se acabaron materializando hacia finales de la década, con modelos como el Volkswagen New Beetle de 1998, el MINI del año 2001 o el Fiat 500, que llegó algo más tarde, ya en 2007. 

Galería: Chrysler Atlantic (1995)

En Estados Unidos, no obstante, esta moda de echar la vista atrás no llegó a materializarse en modelos de producción, más allá de alguna excepción, como el Chrysler PT Cruiser, de manera que la mayoría de estos conceptos retro fueron simplemente ejercicios de diseño.

General Motors fue, quizá, una de las compañías más prolíficas en cuanto a concept cars, y en pocos años presentó numerosos e impresionantes prototipos, también bajo las marcas Dodge y Plymouth, con unas fascinantes líneas, aunque quizá demasiado anticuadas o excesivamente modernas para acabar llegando a producción.

Chrysler Atlantic (1995)

Un homenaje a la belleza pasada

A mediados de la década, en 1995, apareció el Chrysler Atlantic, con un diseño tremendamente inspirado en el pasado, pero no en el pasado de la propia marca americana, sino en la tradición de las firmas europeas, ya que su aspecto es realmente elocuente.

El nombre ya dice mucho al respecto. Recuerda, irremediablemente, a uno de los coches más famosos, bellos, caros y exclusivos de todos los tiempos: el Bugatti 57SC Atlantic de los años 30. Algunos detalles se inspiran también en otros automóviles, como el Talbot-Lago 150.

Chrysler Atlantic (1995)

El diseño combina de manera elegante elementos clásicos, como los enormes guardabarros o los radiadores verticales, en este caso con una calandra en dos piezas y dos pares de faros de diferentes tamaños.

A todo esto se suman unas grandes llantas cromadas de 21 pulgadas de diámetro en el eje delantero y de 22 en el trasero, y por supuesto las proporciones del coche son más americanas que europeas, con una longitud superior a los 5,0 metros, una distancia entre ejes de algo más de 3,0 metros, anchura superior a los 1,90 metros, pero una altura bastante contenida, de 1,31 metros.

Chrysler Atlantic 1995

Ocho cilindros... pero en línea

El habitáculo, de 2+2 plazas, combina tecnología moderna de la época, como una instrumentación digital y componentes electrónicos, con un diseño al estilo Art Decó.

La mayor sorpresa la encontramos bajo el capó, ya que este prototipo escondía un motor de ocho cilindros, como buen americano, pero no dispuestos en 'V', sino en línea. En realidad, se trataba de un bloque creado a partir de dos motores de 2,0 litros y cuatro cilindros, heredados del Chrysler Neon.

En total, este L8 tenía una cilindrada de 4,0 litros y alcanzaba una potencia de 350 CV. Se combinaba con una transmisión automática Autostick, que enviaba toda la fuerza del motor a las ruedas traseras, exclusivamente. En la actualidad, el Chrysler Atlantic se encuentra en el Museo W.P. Chrysler en Auburn Hills, Michigan.