Basado en el Jaguar E-Type, pretendía representar lo mejor de la tecnología de la época.

Los 'one-off' (coches únicos) se construyen casi siempre siguiendo los deseos y el gusto de entusiastas y acaudalados clientes, ansiosos por tener un coche único que refleje lo más posible su estatus y su personalidad. Pequeñas o grandes joyas sobre ruedas que son irrepetibles.

También hay excepciones más o menos famosas, como el Pirana de Bertone, a medio camino entre un concept car y un modelo a medida fabricado a instancias de John Anstey, redactor jefe de motor del Daily Telegraph, el famoso periódico inglés.

Galería: Bertone Pirana

El automóvil perfecto

Era 1967, Inglaterra y el mundo se preparaban para bailar las notas de 'Sg. Pepper Lonely Hearts Club Band' de los Beatles, los disturbios estudiantiles aún no habían empezado y el coche se estaba convirtiendo cada vez más en un elemento para presumir, incluso mejor si era deportivo.

El año anterior, un tal Ferruccio Lamborghini había presentado el Miura, un deportivo con un magnífico motor V12, con 350 CV, diseñado por Marcello Gandini, en ese momento responsable de diseño de Bertone. Y fue precisamente el carrocero de Turín el propuesto por el Sr. Anstey y su equipo para crear lo que debería haber sido el coche ideal.

Se trataba de conseguir un coche para conducir y disfrutar, el matrimonio perfecto entre diseño y tecnología, para conducir por Londres, vestido con un esmoquin impecable, o por carreteras de montaña solo por diversión. Un desafío fascinante que Bertone aceptó sobre la marcha.

Nada de especial

El proyecto preveía que el coche utilizase las más modernas tecnologías y sistemas de seguridad, pero sin ser algo futurista. Cada elemento debía estar disponible en el mercado sin complicaciones, sin importar el proveedor. Lo que era realmente importante era que el coche fuera real y no un ejercicio de estilo futurista e irreal,  sin conexión con la realidad.

Bertone Pirana

Se eligió un Jaguar E-Type como base, comprado directamente al fundador de la Casa, Sir William Lyons. Despojado de su sinuosa carrocería, pero aún equipado con el fascinante motor de 4,2 litros, el 2+2 inglés fue entregado a Bertone, que comenzó con los trabajos en mayo de 1967.

Tiempo récord

El proyecto fue seguido, directamente, por Nuccio Bertone y Marcello Gandini, en cuya mente estaba el objetivo de crear un coche que transmitiese inmediatamente la idea de velocidad, pero sin llevar a excesos. Una "velocidad controlada", creada en solo cinco meses.

Bertone Pirana

En octubre de 1967, el Pirana (sin 'h' por petición estética del propio Bertone) hizo su debut en el Earls Court Motor Show de Londres, convirtiéndose en el coche más admirado y que más comentarios provocó en el evento. Un éxito tal que convenció a sus creadores para exhibirlo también en los salones de Turín, Montreal y Nueva York.

Un vehículo que representaba el punto de encuentro entre el diseño italiano y la mecánica inglesa, con numerosas soluciones de vanguardia como el aire acondicionado con rejillas de ventilación en el techo, la radio AM/FM con reproductor de casetes y una grabadora de voz. Así, los ocupantes podían tomar notas sin tener que sostener lápiz y cuaderno. Por supuesto, también había toques de estilo, como el interior de cuero.

Bertone Pirana

La carrocería se caracterizaba por un morro muy alargado y una zaga musculada, que ofrecía soluciones ya vistas en el concepto Marzal, una línea que se materializó con el Lamborghini Espada de 1968.

Precio estelar

Intenta pensar en un coche moderno con todos sus artilugios tecnológicos, diseñados para elevar el precio unas cuantas cifras. Lo mismo ocurrió con el Bertone Pirana, con una tarifa en su época de unas 20.000 libras (casi tres millones de las antiguas pesetas en su momento o 18.000 euros actuales). Una cifra estelar teniendo en cuenta que en 1967, se necesitaban 6.500 libras (unas 950.000 pesetas o 5.700 euros actuales) para llevarse a casa un Ferrari 275 GTB.

Bertone Pirana

Vendido en una subasta en Sotheby's en mayo de 1968, el Pirana de Bertone llegó a Estados Unidos, donde permaneció hasta 2011, experimentando numerosas modificaciones, aunque luego sufrió un meticuloso trabajo de restauración por su actual propietario.

Entre esas tareas, devolvió a su antiguo esplendor los asientos de cuero Connolly, el reproductor de casetes y la caja de cambios manual de cuatro velocidades, aunque eliminó un asiento trasero.