No busques cambios más allá de la estética, el V8 sigue inamovible en los 585 CV de potencia.

Cuadrado e imponente, el Mercedes-Benz Clase G es un vehículo todoterreno que no pasará desapercibido. 'Virtud' que se potencia, todavía más, en el caso de la variante deportiva Mercedes-AMG G 63. Dicho esto... ¿por qué necesita ser aún más llamativo?

Tal vez, esa pregunta se la debamos hacer al preparador alemán Schawe, que ha creado una línea de accesorios en fibra de carbono, totalmente exclusiva, que potencia las cualidades de su ya de por sí distintiva y cuadrada carrocería. 

Lo que no cambia, por suerte, es el monstruoso propulsor V8 biturbo, con 585 CV de potencia, que le permite ser uno de los referentes de su categoría.

Galería: Mercedes-AMG G 63 de Schawe

La creación de Schawe es menos llamativa que otras desarrolladas para el Clase G, incluyendo las auténticas exageraciones de Brabus y Lumma. Como decíamos al comienzo, el trabajo se centra en la inclusión de elementos en fibra de carbono, en elementos como la parrilla, las carcasas de los retrovisores, los tiradores de las puertas...

Del mismo material son también parte de la cubierta de la rueda de repuesto y los logotipos de la compañía, presentes en la carrocería, siempre en negro mate.

En el interior, la fibra de carbono sustituye a la madera, en el salpicadero y el volante, mientras que los botones y las levas del cambio son de color negro brillante.

La puesta a punto se completa con unas enormes llantas de aleación forjadas de 22 pulgadas, así como con separadores de 1 y 1,5 cm para las ruedas delanteras y traseras (aumentando, de paso, el ancho de vías).

Tampoco falta un renovado sistema de escape, equipado con una válvula de control electrónico, que varía la melodía en función de las revoluciones del motor: a bajas vueltas es más silencioso, mientras que la tormenta se desencadena al hundir el pie en el acelerador.