Tal vez sea el hurto más extraño de los últimos tiempos.

La crisis está comenzado a afectar a los ladrones. O eso es lo que debió pensar la policía de Lelystad, en los Países Bajos, cuando a las 10 de la noche del 1 de agosto, contempló como se abría paso, entre el tráfico, un voluntarioso Renault Twingo, con una carga equivalente varias veces a su tamaño... ¡en el techo! Se trataba de dos postes de farola, estoicamente sujetos, por una cuerda de sujeción.

Está claro que el ladrón pecó de optimismo, si lo que trataba era de pasar desapercibido. Pero como si de un chiste se tratase, las farolas era el menor de sus problemas. Cuando los agentes le detuvieron, comprobaron que el conductor del vehículo tenía el carnet caducado desde hacía más de un año, el coche no tenía la inspección técnica en vigor y, para terminar, circulaba sin seguro obligatorio.

¿Qué más podía pasar? Que el conductor, al sentir vulnerados sus derechos, se negara a realizar una prueba de alcoholemia. Por supuesto, después de irse, previamente, sin pagar en la gasolinera.

Según ha confirmado la policía de Lelystad en su perfil de Facebook, tras un breve interrogatorio, el detenido se ha declaro culpable. Por suerte está en la cárcel y su Renault confiscado.

Por otro lado, desconocemos si el ladrón era el increíble Hulk o conocía cómo se construyeron las pirámides de Egipto, pero hubiéramos pagado por ver cómo conseguía subir y sujetar los pesados postes con una cuerda de escaso grosor.

 

Tal vez, la respuesta se encuentre en la foto que hemos encontrado en Facebook. En ella, se puede apreciar como un Citroën 2 CV remolca al voluntarioso Twingo. ¿Será su complice durante el robo? De ser así, esta curiosa historia sería todavía más surrealista. 

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