Para la temporada 2017, la FIA ha mantenido intactos los valores de contracción del morro y aumentado hasta 360 kN las cargas que va a soportar el chasis. Sin superar esas pruebas, no se puede salir a pista.

Las pruebas de impacto (crash test), a las que la FIA somete a los monoplazas antes de la temporada, cobran mayor importancia este año. El motivo es que, para 2017, se ha cambiado el procedimiento del test de choque frontal, que era siempre la prueba más difícil de superar.

Además de la introducción de neumáticos más anchos, aumentará considerablemente la carga aerodinámica, y el departamento de seguridad de la FIA ha decidido cambiar la prueba de choque frontal, ya que se espera que la velocidad en curva aumente en 40 km/h.

La homologación, de hecho, se realiza con dos pruebas distintas por separado. La primera será un choque del morro sin tenerlo montado en el monocasco. Esta prueba se realiza con los mismos parámetros del año anterior, mientras que la segunda y más difícil es para el chasis, que debe soportar una carga mayor (360 Kilonewtons).

En el GP de Mónaco con lluvia, Jolyon Palmer, con su Renault, se estrelló contra las barreras en una de las rectas después de sufrir aquaplaning; impactó contra las protecciones de Sainte Devote, cuando ya llevaba el morro colgando. En el segundo impacto, se rompió la columna de la dirección después de que el monocasco se fracturara.

La FIA, por lo tanto, no quiere correr riesgos, y por eso ha actualizado los valores de las pruebas de choque frontal.

 

Crash test de un habitáculo
 

Una placa de aluminio, de 50 milímetros, se conecta a la parte frontal de la célula de supervivencia por los puntos de fijación de la estructura que absorbe el choque. Posteriormente, el monocasco se fija a la estructura, pero de tal manera que no aumente su resistencia al impacto.

El depósito de combustible debe estar montado y lleno de agua, mientras que un maniquí, con un peso mínimo de 75 kilogramos, debe ser instalado en el cockpit del piloto y llevar cinturón de seguridad.

El peso total del monoplaza y de la estructura sobre la que se hace el test, incluido el chasis, es de 900 kilos, y la velocidad no debe ser inferior a los 15 metros por segundo.

El monocasco es sometido a un choque contra seis conos metálicos, que provocan una carga de 60 Kilonewtons, mientras que el chasis sufre un impacto de 360 Kilonewtons, sin dañar la célula de supervivencia que llevan los F1 ni los cinturones de seguridad.

Hay que recordar que un coche de F1 no puede salir a pista a disputar la pretemporada (ni mucho menos la temporada) sin haber superado estos test, por lo que todas las escuderías han debido superarlos antes de las jornadas de pruebas de Barcelona.Los crash test de la Fórmula 1 cambian en 2017

Fuente: Motorsport

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