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El Shelby Cobra 'italiano'... hecho de cobre y latón

El Mercer Cobra Roadster de 1965 nació sobre la base del Shelby Cobra, pero fue personalizado por un carrocero italiano.

Mercer-Cobra Roadster (1965)
Foto: RM Sotheby's

El Shelby Cobra es un icono de los deportivos estadounidenses de los años 60. Pero ¿sabías que también existió una versión 'italiana'? El coche que ves en las imágenes es el Mercer-Cobra Roadster, uno de los prototipos más singulares de la época.

Nacido en 1965, fue construido por la carrocería turinesa Sibona-Basano y concebido como un ejercicio de diseño y una demostración de las posibilidades del cobre y el latón. En 2011 fue vendido en subasta por RM Sotheby's por 660.000 dólares (unos 580.000 euros al cambio actual).

La idea de Virgil Exner

Tras la Segunda Guerra Mundial, el diseño automovilístico estadounidense atravesó una profunda transformación. Los coches fueron abandonando progresivamente las formas tradicionales para adoptar superficies más modernas, proporciones más dinámicas y soluciones inspiradas en la aerodinámica.

En este contexto, Virgil M. Exner se convirtió en una de las figuras más importantes del diseño del automóvil en Estados Unidos. Y tras su etapa en Studebaker, Exner llegó a Chrysler, donde desarrolló algunos de los automóviles más reconocibles de los años 50.

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Mercer-Cobra Roadster (1965)

Foto de: RM Sotheby's

En 1963, la revista Esquire le pidió que imaginara cómo podrían reinterpretarse algunos coches clásicos utilizando la tecnología y las proporciones de los modelos modernos. Exner desarrolló así cuatro proyectos inspirados en célebres marcas estadounidenses: Stutz, Duesenberg, Packard y Mercer.

Entre ellos estaba la reinterpretación del Mercer Raceabout, caracterizada por un capó muy largo, un habitáculo retrasado y aletas separadas. Precisamente ese diseño se convirtió en la base del futuro Mercer-Cobra.

El proyecto llamó la atención de la Copper Development Association (CDA). Su presidente, George M. Hartley, vio los dibujos publicados en Esquire y decidió convertir la idea en un coche funcional.

El objetivo no era solo construir un concept car espectacular. El Mercer-Cobra también debía demostrar la versatilidad del cobre y sus aleaciones en el mundo del automóvil, utilizándolos en numerosos componentes de la carrocería y del habitáculo.

Mercer-Cobra Roadster (1965)

Mercer-Cobra Roadster (1965), el motor V8

Foto de: RM Sotheby's

Para llevar a cabo el proyecto, Exner recurrió a la empresa italiana Carrozzeria Sibona-Basano, con sede en Turín. La elección llegó también por recomendación del diseñador estadounidense Brooks Stevens.

La compañía, fundada por Elio y Emilio Basano, ganó aún más experiencia cuando Pietro Sibona, antiguo maestro chapista de Ghia, se incorporó a la sociedad. Así, Exner y su hijo desarrollaron entonces el proyecto definitivo partiendo de un chasis de AC Cobra.

Del Shelby Cobra al Mercer

La base técnica del Mercer-Cobra resultaba especialmente interesante. El chasis se encargó nuevo a través de Shelby American, por entonces distribuidor exclusivo de AC en Estados Unidos. Sin embargo, para adaptarse al proyecto de Exner, el bastidor fue modificado y la batalla se llevó hasta los 2,74 metros.

La mecánica tenía un planteamiento muy moderno para la época: el motor era un V8 de 4,7 litros Ford, asociado a una caja de cambios manual de cuatro velocidades. El coche contaba además con suspensión independiente en las cuatro ruedas con ballestas transversales y frenos de disco también en las cuatro ruedas.

Estéticamente, el coche se caracterizaba por un capó muy largo, mientras que el habitáculo quedaba situado en posición retrasada. Las grandes aletas delanteras estaban separadas de la carrocería y dejaban a la vista parte de la mecánica, mientras que en la zaga aparecen unas aletas más cortas y diferenciadas.

Mercer-Cobra Roadster (1965)

Mercer-Cobra Roadster (1965), el interior

Foto de: RM Sotheby's

En el centro del frontal se aprecia una gran calandra de estilo clásico, compuesta por elementos de latón y protegida por una rejilla. Los faros resultaban especialmente llamativos: montados sobre soportes orientables y con la posibilidad retraerse a los lados del capó cuando no se utilizan.

El cobre también se dejaba ver en el salpicadero, en los paneles de las puertas y en distintos elementos del habitáculo. Los radios del volante, por su parte, empleaban una aleación de cobre y cromo de alta resistencia. Las llantas de radios de 16 pulgadas recibían cubiertas de latón, mientras que algunas molduras estaban realizadas en bronce al silicio.

También el vano motor seguía la misma filosofía, con tapas de balancines, filtro de aire, tapón del aceite y otros detalles tratados con cobre y latón. Incluso algunos componentes del sistema de frenos se fabricaron con aleaciones de cobre para aprovechar su elevada capacidad de transferencia térmica.

El debut en 1964

La construcción avanzó con rapidez. El Mercer-Cobra se completó a finales de 1964, apenas un año después del inicio del proyecto, y fue presentado como embajador de las posibilidades que ofrecían el cobre y el latón en el sector del automóvil.

El coche viajó por numerosos países y participó en exposiciones y encuentros técnicos en distintos continentes. Su imagen no pasó desapercibida y el Mercer-Cobra también protagonizó un amplio reportaje en Automobile Quarterly, que le dedicó seis páginas en su número de invierno de 1964.

Después de pasar por manos de varios coleccionistas, el coche llegó a la casa de subastas RM Sotheby's en Monterey. Allí, en 2011, fue vendido por 660.000 dólares, cerrando así otro capítulo de su larga historia.

Galería: Mercer-Cobra Roadster (1965)