Este llamativo ejercicio de estilo, con puertas de tijera y ciertos rasgos de shooting brake, acabó inspirando al Mégane III.

Presentado en el salón de Ginebra del año 2006, puede que el Renault Altica Concept no sea uno de los prototipos más recordados de la firma del rombo, que en las últimas décadas nos ha sorprendido con auténticos ejercicios de estilo de infarto... que han servido de inspiración para multitud de modelos de producción.

Algo parecido sucedió con el Altica que protagoniza este post, cuyos trazos 'ayudaron' a los diseñadores de Renault a dar forma a la tercera generación del Mégane, un superventas que llegó al mercado allá por el año 2008.

Eso sí, por el camino se perdieron algunas de las soluciones ingeniosas que adelantó el Altica, como las puertas de apertura vertical o una carrocería que, observada desde el lateral o la zona trasera, lucía ciertos rasgos de lo que hoy en día calificaríamos como shooting brake.

Galería: Renault Altica Concept (2006)

Con la cinta métrica en la mano, el Altica anunciaba unas dimensiones de 4,27 metros de largo, 1,83 de ancho y 1,36 de alto, combinadas con una distancia entre ejes de 2,62 metros. Para que te hagas una idea, por ejemplo, era más grande que el Mégane de la época, pero más pequeño que la variante familiar de la gama, conocida como Grand Tour.

En cambio, el habitáculo era bastante revolucionario y futurista para aquel momento. Contaba con cuatro asientos individuales, aunque los traseros podían plegarse por completo, convirtiendo al coche en un biplaza... y asegurando un gigantesco maletero, con 1.300 litros de capacidad.

Respecto a los delanteros, eran fijos. De este modo, para obtener la posición de conducción ideal, el usuario debía emplear la función de reglaje eléctrico que incluían los pedales y el conjunto formado por el volante, la instrumentación y los mandos de control.

Renault Altica Concept (2006)

Indudablemente, desde el punto de vista estético, el rasgo más llamativo era el empleo de unas puertas de tijera, al más puro estilo Lamborghini, aunque el modelo equipaba otras soluciones bastante ingeniosas, como un sistema de aerodinámica activa.

Otro aspecto destacado eran los faros, con entradas de aire bajo ellos y distintos modos de funcionamiento, incluyendo las luces de conducción diurna (por aquel entonces, no eran tan comunes como ahora). El conjunto lo remataban una carrocería bitono, un gran techo solar panorámico o unas llantas de aleación de 21 pulgadas.

En el plano mecánico, el Altica recurría a un motor turbodiésel de 2,0 litros y cuatro cilindros en línea, que anunciaba 177 CV de potencia. En esencia, era el mismo 2.0 dCi que equipaba el Laguna de la época, asociado a una caja de cambios manual, de seis relaciones.

Respecto a los datos técnicos que se comunicaron en la época, destacaba una aceleración de 0 a 100 km/h en 7,5 segundos y un consumo medio homologado bastante bajo, cifrado en 5,3 litros cada 100 kilómetros.