En un mundo encaminado a la electrificación, modelos como la berlina italiana siguen respetando la esencia de la pasión por conducir.

Siguiendo con una nueva entrega de este peculiar formato que se nos ha ocurrido desde la redacción de Motor1.com España, os voy a mostrar el vehículo que yo elegiría para salir a recorrer mis tramos preferidos de carretera, si se levantase el confinamiento y nos permitiesen circular libremente.

Al igual que ha sucedido con mis compañeros anteriormente, en mi caso, no he elegido un superdeportivo despampanante, sino todo lo contrario: un Alfa Romeo 156 GTA de 2002.

El vehículo italiano competía frente a serios rivales en su época. Por potencia y prestaciones, debía medirse a contendientes incluso más poderosos, como el Subaru Impreza 2.0 WRX STi (265 CV) o el Volkswagen Passat 4.0 W8 (275 CV), en ambos casos, vehículos equipados con un sistema de tracción integral.

Galería: Alfa Romeo 156 GTA (2002)

Sin embargo, ninguno de ellos, podía presumir de las bellas líneas dibujadas por Walter de'Silva, que supo mezclar, con maestría, la elegancia de una berlina, con la contundencia de un deportivo.

Con unas dimensiones en la media de la categoría, el 156 GTA anunciaba una longitud de 4,43 metros, por 1,76 de anchura y 1,40, de altura; unas medidas idénticas en el caso del Sportwagon, salvo porque era un centímetro más alto.

Toca el momento de 'explicar' uno de los motivos que hacen tan especial al 156 GTA. Me refiero al bloque 3.2 V6 de gasolina que se escondía debajo del capó. De aspiración atmosférica, el motor desarrollaba una potencia máxima de 250 CV a 6.200 vueltas y un par motor de 300 Nm a 4.800 rpm. Junto a él, existía una doble posibilidad para la transmisión: o una caja de cambios manual de seis velocidades o la automática Selespeed (manual pilotada con embrague robotizado), con el mismo número de marchas.

Alfa Romeo 156 GTA (2002)

Me vais a permitir que, en mi caso, me quede con la configuración de cambio manual, para poder exprimir, al máximo, las prestaciones de esta berlina deportiva. Con una velocidad máxima de 250 km/h y una aceleración, de 0 a 100, de 6,3 segundos, era mucho más que un velocista al uso. Más allá de sus registros, el tacto deportivo que era capaz de transmitir el 156 GTA estaba reservado a unos pocos privilegiados.

Alfa Romeo 156 GTA (2002)

Respecto a la estética del modelo italiano, siempre me gustó su discreta elegancia. Salvo por los pasos de rueda ensanchados, las taloneras y las llantas de 17 pulgadas, con cinco anillos, específicas de esta versión, el 156 GTA lucía una indumentaria bastante 'convencional'.

Alfa Romeo 156 GTA (2002)

Otra cosa distinta sucedía cuando te montabas en el interior y percibías un puesto de conducción, claramente, enfocado al conductor. La postura baja, las piernas estiradas y una prominente consola central, delimitaban con claridad quién era el más afortunado del habitáculo.

Lógicamente, en el 156 GTA, la comodidad pasaba a un segundo plano. La suspensión revisada, el tarado más firme de los amortiguadores, la dirección asistida más directa y un equipo de frenos, con discos de 305 milímetros, delante, y 276 milímetros, detrás, dejaban claro que estábamos ante una berlina diferente, pensada para disfrutar de la conducción... y si era en una carretera solitaria de montaña, mucho mejor.

Alfa Romeo 156 GTA (2002)

Durante años, he sido propietario de un Alfa Romeo 156 Sportwagon 2.4 JTD 150 CV y te puedo asegurar que los buenos ratos que he pasado sentado a su volante, se multiplicaron por 1.000 cuando pude conducir, por primera vez, un 156 GTA.

Fue una de las primeras unidades de prensa que llegaron a España y cuando lo conduje sentí una emoción y una felicidad casi plenas. Parecidas, supongo, a lo que sentiré en cuanto termine este confinamiento forzoso y pueda regresar a la normalidad. Un encierro que nos está impidiendo hacer el trabajo más bonito del mundo, al menos para mí: el de probador de coches.