Sí, hoy es 7 de julio. Pero, por desgracia, no veremos un Fórmula 1 corriendo por el centro de Pamplona.

Como cada 7 de julio, la gran mayoría de la población navarra, y de parte del mundo (por qué no decirlo) está de celebración. Los sanfermines son una de las fiestas más famosas e internacionales que se celebran es nuestro país y, por eso, su repercusión en los cinco continentes escapa a lo racional. Gracias, Hemingway. 

Puede que por esa atención global, en el año 2008, la famosa marca de bebidas energéticas soltara por el recorrido del encierro a dos toros desbocados: un Red Bull Racing RB4, con David Coulthard al volante, y un Toro Rosso STR3, con Sébastien Bourdais a los mandos. 

Red Bull F1, San Fermin 2008

Unos toros bastante rápidos

Como puedes ver en las imágenes, el Red Bull San F1, como lo bautizó la firma austriaca, sigue todos los pasos marcados por la liturgia de un encierro de San Fermín... incluyendo un briefing previo a los pilotos, que lucen pañuelo rojo al cuello, para que puedan comprender algo mejor semejante locura.

Todo empieza con las plegarias al Santo, en busca de la protección en el encierro. A continuación, el chupinazo reglamentario, la apertura de corrales... ¡y comienza la acción!  

A falta de seis toros, los dos monoplazas se mueven con cierta torpeza por el pavimento de la capital navarra. Algo comprensible, dado lo angosto del recorrido. A su alrededor, los mozos corren tranquilos, periódico en mano, sabiendo que esta vez no corren peligro. 

Como todo buen encierro, la carrera acaba en la plaza de toros de Pamplona, donde, antes de despedirse, Coulthard y Bourdais deleitan al público con innumerables donuts sobre el albero. Por supuesto, la historia no acabó aquí, ya que ambos pilotos también llevaron a cabo un 'road show' por calles algo menos estrechas. ¡Viva San Fermín!

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Forma parte de algo grande