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La forma adecuada para un coche deportivo asequible

Desde el MG Cyberster hasta los coupés de antaño, te explicamos qué aspecto podrían tener los deportivos no extremos del futuro

La forma adecuada para un coche deportivo asequible 2
Foto: Motor1 Italia visual (AI-assisted)

Los coches deportivos no han desaparecido, pero se han alejado. Por un lado, siguen estando Ferrari, Lamborghini, Porsche y McLaren, pero también los deportivos japoneses y los nuevos supercoches eléctricos chinos, como los de BYD-Yangwang; por otro, el mercado general se ha llenado de SUV y crossover.

Sin embargo, en medio se ha creado un vacío: el de los coupés y los descapotables que no son extremos, coches pensados para conducir y para disfrutar sin convertirse en objetos inalcanzables. El MG Cyberster resulta interesante porque intenta llenar precisamente ese espacio con un diseño deportivo eléctrico, espectacular pero sin llegar a ser un superdeportivo.

La forma deportiva no es solo decoración

Un deportivo se reconoce, ante todo, por su silueta: capó bajo, habitáculo desplazado en función de los componentes mecánicos, altura reducida, parte trasera compacta, llantas de gran tamaño y superficie frontal contenida. No son detalles estéticos, sino decisiones técnicas, capaces, sin embargo, de transmitir estabilidad, eficiencia y placer de conducción.

 

El MG Cyberster utiliza muchos de estos elementos: no es pequeño ni ligero, pero intenta transformar la masa eléctrica en una carrocería baja, abierta y atractiva, mientras que el Cyber GTS Concept de Goodwood 2026 ya ha imaginado una posible evolución en forma de coupé. Es aquí donde el diseño marca la diferencia: no basta con tener 510 CV, también hay que darles una forma creíble.

El deportivo nace para conducir mejor

La clave para entender un coupé o un descapotable no es que se trate de un coche menos práctico; al contrario, la carrocería expresa una filosofía que antepone la conducción: menor altura, centro de gravedad más bajo, mejor penetración aerodinámica, mayor atención a la dirección, los frenos, la suspensión y la posición de conducción.

Es una lógica opuesta a la de los SUV, y sobre todo a la de los de vocación deportiva, que deben añadir mucha potencia y forzar las proporciones de muchos componentes, como los neumáticos, para compensar la masa y la sección frontal. El deportivo, en cambio, trabaja en la forma: busca ser más eficiente, más preciso, más directo. Y el diseño se convierte en una consecuencia de la función.

Fiat 128, fotos históricas

El Fiat 128 Sport heredaba la idea de los coupés de altas prestaciones derivados de turismos de serie pequeños o medianos, con unas líneas deportivas atractivas, que desprendían encanto sin llegar a ser un superdeportivo, y cuyo diseño distintivo contribuía, no obstante, a una mejor conducción que la de la berlina.

Lancia Beta HPE

En una época de austeridad, al Lancia Beta coupé se le sumó el HPE, posteriormente denominado HPExecutive, que incorporaba un portón trasero y una mayor capacidad en la zona trasera, sin renunciar, en ningún caso, al diseño funcional de un shooting brake deportivo.

Cuando el deportivo empieza a levantar sospechas

En momentos de crisis, el coche deportivo suele ser el primero en parecer fuera de lugar. Tras la crisis del petróleo, muchos fabricantes buscaron fórmulas menos explícitas: en Fiat, el 128 Sport Coupé dio paso al más práctico 128 3P, mientras que Lancia complementó el Beta Coupé con el más versátil Beta HPE.

Esto también es diseño: la parte trasera se alarga, el portón trasero se vuelve más útil, la línea deportiva se transforma en una forma más aceptable. El Lancia Beta Montecarlo, fruto de un proyecto de Pininfarina desarrollado inicialmente en el ámbito de Fiat, seguía siendo, por su parte, una apuesta más pura, casi a contracorriente, pero más aceptable para la marca Lancia en una época de austeridad.

Opel Tigra A (1994-2001), la prueba de Motor1

En los años 90 se produjo un resurgimiento de los coupés compactos, y uno de los protagonistas fue sin duda el Opel Tigra A; derivado del Corsa, pero con una línea totalmente diferente, era un 2+2 con soluciones de diseño inéditas, empezando por la luneta trasera envolvente, y con unas prestaciones superiores

Fotos de: Motor1.com
Fiat Coupé (1994-2000)

También en los años 90, el Coupé marcó el regreso de Fiat a la fabricación de coupés con líneas inéditas; más grande que el Tigra, no llegaba a ser un superdeportivo, pero presentaba un diseño refinado y unas prestaciones de buen nivel.

Europa los había convertido en algo habitual

Entre los años noventa y los 2000, Europa vivió una nueva época de coupés asequibles. El Opel Tigra y el Ford Puma partían de plataformas compactas y las transformaban en vehículos más bajos, personales y reconocibles; no eran supercoches, sino coches normales con un diseño exclusivo, soluciones técnicas más interesantes y prestaciones mejoradas.

El Opel Calibra, el Ford Cougar y el Fiat Coupé llevaban el mismo concepto a dimensiones mayores, mientras que Alfa Romeo no podía renunciar al coupé: por otra parte, el Giulietta Sprint de los años 50, que llegó antes que la berlina, ya había demostrado que una silueta deportiva podía redefinir la imagen e incluso el posicionamiento de una marca.

Daihatsu Copen GR Sport 2020 de Toyota Gazoo Racing

El Daihatsu Copen ya ha llegado también a nuestro mercado, y hoy se presenta en una nueva versión que incluye además el acabado GR Sport de Toyota Gazoo Racing; en este caso, las proporciones están limitadas por la normativa sobre «key cars», pero lo importante es la idea de poder aprovechar ese espacio incluso con un coche de diseño deportivo.

Mazda Autozam AZ-1

El Autozam AZ-1 es uno de los kei-car deportivos más curiosos de los años noventa: diminuto, con motor central, tracción trasera y puertas de ala de gaviota. Dentro de unos límites técnicos muy estrictos, demostraba que incluso un coche minúsculo podía optar por la emoción en lugar del máximo espacio.

Incluso los pequeños pueden ser deportivos

Los kei-car japoneses ilustran bien la relación entre normas y libertad. Dentro de unos límites muy estrictos han surgido coches altísimos y de formas angulosas, pensados para aprovechar cada centímetro, pero también pequeños deportivos como el Suzuki Cappuccino, el Honda Beat, el Autozam AZ-1 y el Daihatsu Copen.

El Copen también llegó a nuestro mercado, recordándonos que la compacidad no tiene por qué limitarse a una única forma. Una misma idea de eficiencia puede dar lugar a un cubo urbano o a un minúsculo descapotable: cambia la prioridad y el diseño cambia con ella.

Honda Prelude 2026

El Honda Prelude 2026 ofrece una interpretación sobria y nada extrema del coupé: parte delantera baja, techo arqueado, laterales lisos y parte trasera compacta, casi tipo fastback. Las proporciones siguen siendo deportivas, pero sin agresividad innecesaria: más elegancia aerodinámica que musculatura ostentosa.

Foto de: Motor1 Italy
Toyota GR86 (JDM) del 2025

El Toyota GR86 es la segunda generación de un coupé imprescindible para los apasionados de la conducción: sus ventas en Europa son limitadas, pero sus proporciones son casi un modelo a seguir para un deportivo compacto. El capó alargado, el habitáculo retrasado, el techo bajo y la parte trasera corta conforman una silueta sencilla y clara, que podría convertirse en una base ideal también para los deportivos eléctricos del futuro.

Foto de: Toyota

¿Qué forma tendrán los coupés del futuro?

El futuro del deportivo no extremo podría no ser el superdeportivo eléctrico de récords, sino algo más sencillo e interesante: coupés y descapotables bajos, aerodinámicos, compactos, con baterías no enormes, ruedas en los extremos, habitáculos acogedores y superficies más limpias.

El nuevo Honda Prelude, heredero de un modelo histórico para la marca, apunta hacia un camino posible, con un coupé híbrido más racional que extremo; el Toyota GR86 y el Subaru BRZ, por su parte, recuerdan lo que Europa está perdiendo: deportivos sencillos, ligeros, sin lujos, diseñados pensando en la conducción antes que en la imagen.

Un futuro de conducción, no solo de transporte

Hay un futuro imaginado como un flujo ordenado de coches autónomos, todos en fila, casi como vagones individuales de un tren. Puede tener sentido para muchos desplazamientos, pero no agota la idea del automóvil.

La otra hipótesis es más humana: coches eficientes, quizá eléctricos, compactos, bajos y precisos, pensados para quienes aún quieren concentrarse en la conducción, sin confundir el placer con la velocidad absoluta ni con la extensión de un smartphone. No supercoches para unos pocos, sino deportivos inteligentes para quienes aún buscan una forma de libertad.

Galería: MG Cyberster en el Goodwood Festival of Speed 2024