Se han pagado 1,45 millones de euros por él...

Hoy en día, Lamborghini es una de las marcas de deportivos más prestigiosas del mundo, con un estatus semejante al de rivales como Ferrari o McLaren. Esta privilegiada posición la logró en la década de los 60 gracias al Miura, un icónico biplaza que se convirtió en el objeto de deseo de los famosos en aquella época. 

Galería: Lamborghini Miura P400 S 1969

El coche se presentó en el salón de Ginebra de 1966 y, dos años después, surgió la versión P400 S, cuya producción se limitó a 140 unidades, hasta 1972. Esta variante empleaba el mismo motor 3.9 V12, atmosférico, del Miura P400, pero potenciado a 370 CV y 390 Nm de par máximo.  

Gracias a esos 20 CV extra (el deportivo estándar 'se quedaba' en 350 CV) y a un peso muy ligero, que excedía por poco una tonelada, el modelo italiano alcanzaba una velocidad máxima de 285 km/h y aceleraba de 0 a 100 en tan solo 5,6 segundos. Recuerda que estamos hablando del año 1968...

El protagonista de este artículo es un ejemplar de septiembre de 1969, que porta el número de chasis 4245. Como he comentado antes, se acaba de vender en una subasta de RM Sotheby's en Reino Unido por 1,45 millones de euros. 

¿Por qué esa cifra descomunal? Porque este Miura fue diseñado a medida, con el color exterior Sporting Giallo y un interior con cuero azul, y solo ha tenido dos propietarios. El primero fue Walter Becker, dueño de una agencia de publicidad y, a partir de 1974, la familia Weber... hasta la actualidad.

Lamborghini Miura P400 S 1969

Los hermanos Hans y Karl Weber lo disfrutaron durante todas estas décadas. Cuando Hans falleció, Karl decidió guardarlo en un granero, por lo que el vehículo no ha experimentado ningún tipo de restauración, ni estética ni mecánica.    

Ciertamente, el coche necesita una revisión completa y pasar por un taller de chapa y pintura, pero disponer de un Miura original es, ciertamente, todo un lujo. Es más, este ejemplar, si se preserva bien, aumentará su valor en los próximos años. ¿Qué hará con él su nuevo dueño? Tanto si lo guarda como si lo emplea, nosotros le envidiamos... y no de forma sana.