La evolución de este tipo de modelos, cada vez más enfocados a su uso en asfalto, ha hecho que pierdan una de sus señas de identidad.

Probemos a hacer un experimento. Pidámosle a un niño (a uno de verdad, de los que todavía le gustan los coches) que dibuje un todoterreno. En una hoja en blanco, con pinturas o rotuladores, da igual.

Me apuesto lo que queráis a que habrá unos cuantos elementos que no faltarán: suspensiones elevadas, una defensa delantera, faros adicionales, neumáticos de campo, incripciones del estilo AWD, 4x4 o All Terrain... y una rueda de repuesto sobre el portón.

Una solución práctica que, en caso de sufrir un pinchazo, permitía acceder al quinto neumático sin necesidad de vaciar todo el equipaje o la carga del maletero para llegar hasta él. Además, potenciaba la imagen aventurera y liberaba un valioso espacio en el interior del coche.

Sin duda, ese fue un buen criterio en el pasado para reconocer a un buen todoterreno e, incluso en un primer momento, a sus descendientes: los SUV.

Con ellos, también llegó el fin de los auténticos 4x4 y una nueva era en el mundo del automóvil, en la que el 98% de los compradores de todocaminos circulan solo por ciudades y en la que quieren hacernos pensar que todo se puede arreglar con un kit reparapinchazos.

Además, es cierto que algunas desventajas empezaban a hacerse patentes, como el hecho de resultar molesta al aparcar en ciudad, restar visibilidad o, incluso, sufrir un robo con cierta frecuencia.

Dicho esto, en esta lista analizamos algunos de los modelos que han sufrido esa evolución, ¿te acuerdas de ellos?