Normalmente, cuando vas a un circuito, hay muchas formas de disfrutar de la acción en pista. Puedes hacerlo en la grada, rodeado del calor del público. Si te haces con un peto de fotógrafo, puedes bajar a los viales. O incluso, en el mejor de los casos, con el pase adecuado, puedes llegar a colarte en el box de algún equipo para vivir la acción en primera persona.

Trasladado a las 24 Horas de Le Mans, la carrera de resistencia más legendaria del mundo, por encima de todo esto está la opción del helicóptero, desde el que disfrutar sobrevolando el puente Dunlop, la recta des Hunaudiéres o la frenada de Indianápolis. Una opción que creíamos que era la más curiosa y espectacular... hasta ahora.

Porque en esta 90ª edición de las 24 Horas de Le Mans, el blimp de Goodyear ha vuelto a surcar los cielos de La Sarthe. Y junto con un pequeño grupo de privilegiados, hemos tenido la oportunidad de subirnos a él para ver la carrera desde el aire.

Galería: Blimp Goodyear

Goodyear y los dirigibles, una larga tradición

Aunque es cierto que el dirigible ha estado presente en las tres últimas ediciones de las 24 Horas de Le Mans, lo que en cierto modo ha vuelto a darle notoriedad al dirigible, la experiencia de la marca en este sentido se remonta a años atrás. Tanto, como a principios del siglo XX.

De hecho, es en el año 1912 cuando los ingenieros de Goodyear empiezan a trabajar en un tejido especial para fabricar una aeronave lo más ligera posible. Y tras años de investigación, se asociaron con el especialista alemán Zeppelin, un acuerdo fruto del que nacieron los dos primeros dirigibles, que se lanzaron a conquistar los cielos a principios de los años 30.

Desde entonces, este icono de la cultura popular se ha dejado ver en circuitos de todo el mundo, desde las 500 Millas de Indianápolis al Mundial de F1, pero también, ha estado presente en eventos como los Juegos Olímpicos y se ha dejado ver en grandes ciudades como Londres o Roma.

Blimp Goodyear Mayflower, año 1929
Blimp Goodyear Mayflower, año 1929.

Actualmente, hay tres blimp operativos de Goodyear, dos en Estados Unidos y un tercero, al que hemos podido subirnos, que está dedicado a la gira europea. Los dirigibles modernos en cuestión siguen siendo obra de Zeppelin y todos cuentan con tres motores, de unos 200 CV de potencia cada uno, movidos por combustible de aviación.

Como curiosidad, diremos que los dos motores laterales se encargan de elevar la aeronave, mientras que el trasero es el que se emplea a la hora de volver a tocar tierra.

En líneas generales, hablamos de un dirigible que mide 75 metros de largo, que tiene un volumen total de 8.425 m3, alcanza los 125 km/h de velocidad máxima, tiene una autonomía de 1.000 kilómetros y es capaz de elevarse hasta los 3.000 metros de altura.

Blimp Goodyear
El blimp, en Le Mans 2020

Las 24 Horas de Le Mans, a vista de blimp

Además de la carrera en sí misma, que suele tener emoción hasta la última hora en todas las categorías, las 24 Horas de Le Mans son como un gran parque temático del motor, en el que puedes divertirte de mil y una maneras: karting, noria, tiendas, exposiciones, simuladores, museo... incluso, si lo deseas, puedes alistarte a la marina, el ejército del aire o la legión extrajera francesa.

Sin embargo, el dirigible es la mayor y más vistosa 'atracción' de todas. Y nuestro turno, llega en uno de los últimos despegues del día, cuando el sol empieza a caer y aparece esa luz tan característica de La Sarthe.

Desde tierra firme, impresiona ver cómo se aproxima hacia el suelo y, una vez posado, llama la atención ver lo sencillo que resulta, ya que para alguien no familiarizado en el tema, podría parecer como si un microbús se hubiera adosado a un globo gigante.

Blimp Goodyear

La operación de embarque ha de hacerse lo más rápido posible y por parejas: cuando bajan dos personas, suben otras dos para mantener el equilibrio de la aeronave. Y una vez dentro, son varias las cosas que llaman la atención.

Por un lado, la gran superficie acristalada que hay en el interior, que te permite mirar hacia el exterior con todo lujo de detalle y que asegura una luminosidad sobresaliente. Por otro, que cuenta con una cabina para los pilotos similar a la de un avión comercial y que permite viajar con gran comodidad, en amplísimos asientos, a 14 personas.

Una vez abrochado el cinturón, empieza a elevarse completamente en vertical, como si de un helicóptero se tratara, pero de forma mucho más suave. Y una vez que ha alcanzado la altura óptima, se dirige (a unos 60 o 70 km/h) directo hacia el circuito de las 24 Horas.

Blimp Goodyear

Pero aún hay tiempo para una última sorpresa: se pueden abrir unas ventanillas laterales. Lo que unido a que apenas hace ruido al volar, introduce un factor diferencial definitivo frente a los helicópteros que surcan los cielos de Le Mans: además de ver los coches, puedes oír con claridad sus motores.

Y así, atravesando la recta des Hunaudiéres, sobrevolando la noria, pasando por la recta principal, viendo las frenadas en Terte Rouge o Mulsanne, nuestro tour se pasa casi volando. Y nunca mejor dicho. Y casi sin darnos cuenta, el blimp retorna hacia su base, donde aterriza con la misma suavidad con la que despegó. Sin duda, una experiencia para recordar.