La historia del ovni italiano diseñado por Giugiaro
Creado en 40 días, el prototipo Bizzarrini Manta revolucionó el diseño de los deportivos con motor central y es un icono de su tiempo.
Presentado en 1968, el Bizzarrini Manta representa uno de los concept cars más influyentes de la historia del automóvil. Fue el primer proyecto firmado por la recién creada Italdesign de Giorgetto Giugiaro e introdujo un lenguaje de diseño destinado a cambiar para siempre el estilo de los deportivos de motor central.
Con su silueta en cuña, el habitáculo de tres plazas con el conductor en posición central, el parabrisas muy inclinado y una configuración técnica derivada del Bizzarrini P538 de competición, el Manta demostraba cómo innovación, aerodinámica y estética podían fundirse en un único automóvil.
El primer gran proyecto
La historia del Bizzarrini Manta coincidió con la del nacimiento de Italdesign. Tras las experiencias acumuladas en Fiat, Bertone y Ghia, Giorgetto Giugiaro decidió emprender un camino independiente y, junto a Aldo Mantovani, fundó en febrero de 1968 la nueva empresa destinada a convertirse en uno de los centros de diseño automovilístico más importantes del mundo.
Galería: Bizzarrini Manta (1968)
Para su debut oficial en el salón de Turín de 1968, Giugiaro quería crear algo completamente distinto a cualquier otro coche visto hasta entonces. El tiempo disponible era limitadísimo: apenas 40 días. Aun así, el equipo logró completar un prototipo destinado a entrar en la historia.
La base técnica
Para contener tiempos y costes, Giugiaro eligió como base el chasis del Bizzarrini P538, un deportivo de competición diseñado por el ingeniero Giotto Bizzarrini para pruebas de resistencia.
El P538 ya había concluido su carrera deportiva tras los cambios reglamentarios introducidos en el automovilismo, por lo que uno de los chasis disponibles se transformó en la base del nuevo concept.
Se mantuvo el chasis tubular, así como la arquitectura con motor central-trasero. Detrás de los asientos se situó el potente V8 de Chevrolet con aproximadamente 400 CV, un propulsor que permitía al Manta alcanzar una velocidad teórica cercana a los 330 km/h, una cifra impresionante para la época.
Un diseño que anticipó el futuro
La línea del coche era prácticamente continua desde el frontal hasta la zaga, con un parabrisas muy inclinado (15 grados) que se prolongaba idealmente en el techo. Sus dimensiones resultaban especialmente insólitas, con una longitud de 4,10 metros, una anchura de 1,86 m y una altura de apenas 1,05 metros.
La enorme inclinación del parabrisas creó, sin embargo, un problema importante: la visibilidad. Giugiaro encontró una solución tan sencilla como ingeniosa al incorporar un segundo elemento acristalado casi vertical bajo el parabrisas principal, acompañado por tres finas ranuras practicadas en el capó. Este sistema mejoraba la visibilidad en conducción urbana sin comprometer la aerodinámica.
También el habitáculo rompió por completo con los esquemas establecidos. Gracias a la notable anchura del coche, el Manta disponía de tres asientos en paralelo, con el conductor en posición central y los dos pasajeros ligeramente retrasados a los lados. Una configuración que se adelantó en muchos años a la que haría célebre el McLaren F1 y que Italdesign recuperó en 2008 en el concept Quaranta.
Un prototipo construido en tiempo récord
La rapidez con la que nació el Manta se volvió casi legendaria. En sólo 40 días se construyó la maqueta de madera, se modelaron los paneles de la carrocería, se soldó el chasis, se ensambló la mecánica y se completó la pintura.
La premura, sin embargo, impidió integrar correctamente todos los sistemas. Durante varios años, el Bizzarrini Manta siguió siendo de hecho un prototipo estático, no del todo funcional desde el punto de vista eléctrico y mecánico.
También el color contribuyó a hacerlo inolvidable. En su presentación lucía un llamativo tono verde agua tendente al turquesa con detalles naranjas, elegido para evocar el mar y el animal del que toma su nombre.
Posteriormente fue repintado en rojo para un evento en Japón y más tarde en plata durante algunas celebraciones de Italdesign, antes de volver definitivamente a su color original tras una cuidadosa restauración a comienzos de los años 2000.
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