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El MINI de BMW cumple 25 años

En sus inicios, se caracterizaba por esa sensación de kart en la conducción... de la que tanto se hablaba, incluso en la actualidad.

Mini One 2002
Foto: BMW Classic

En octubre de 2000, llegaba la hora de la despedida para los aficionados al Mini clásico original. Tras 41 impresionantes años de fabricación y más de 5,3 millones de unidades producidas, el último Mini clásico salí de la cadena de montaje.

Sólo en la histórica planta de Oxford se fabricaron alrededor de 600.000 unidades, entre 1959 y 1968. Sin embargo, quien creyera que el icónico concepto de vehículo de Sir Alec Issigonis desaparecería definitivamente, replegándose hacia los museos del automóvil, estaba más que equivocado.

Y es que, tras una pausa en la producción de apenas un año, la marca británica abría un capítulo completamente nuevo, con genes y concepción alemana, de la mano de un gigante como el Grupo BMW. La nueva MINI acababa de nacer.

Las bases para el relanzamiento se sentaron ya a principios de 1994, cuando el conglomerado alemán adquirió Rover Group. Aunque la unión con Rover fracasa, los de Múnich ven en la tradicional marca británica Mini (aún con minúsculas) el potencial para crear algo completamente nuevo: el primer vehículo premium del segmento de los utilitarios.

En 1997, el prototipo del Mini Cooper presentado en el Salón Internacional del Automóvil de Fráncfort ofreció un primer y prometedor anticipo. El diseño, esbozado por Frank Stephenson y llevado posteriormente a la producción en serie bajo la dirección de Gert Volker Hildebrand, trasladó con acierto los genes del clásico a la era moderna.

Un nuevo comienzo, hace 25 años 

En términos de diseño, la idea era que el nuevo MINI mantuviera los voladizos cortos de la carrocería, los faros redondos, la parrilla hexagonal y el techo que flotante, aunque estos rasgos se adaptaban a las dimensiones de los utilitarios del momento.

A finales de septiembre de 2000, la versión de serie celebró su estreno mundial en el Salón del Automóvil de París. El lanzamiento oficial en el mercado nacional británico tuvo lugar el 7 de julio de 2001, mientras que los clientes europeos pudieron adquirirlo ya a partir de septiembre de ese mismo año.

Mini One (2002)

Gama de modelos en miniatura (2002)

Foto: Mini

En un primer momento, se podía elegir entre el Mini One, de 90 CV, y el Mini Cooper, mucho más dinámico, de 115 CV. Bajo el capó se encontraban motores atmosféricos de cuatro cilindros y 1,6 litros montados transversalmente, procedentes de la empresa conjunta Tritec con Chrysler, que se fabricaban en Curitiba (Brasil).

El resultado inicial superó incluso las expectativas más optimistas. La demanda fue tan grande que, tan sólo dos meses después del inicio de las ventas, la planta de Oxford se vio obligada a introducir turnos extraordinarios durante los fines de semana para aumentar el volumen de producción previsto para 2001, de 30.000 a 42.000 unidades.

Para la reconversión de la planta de Oxford, BMW tuvo que hacer un gran desembolso. En tan solo 13 meses, los responsables trasladaron la fabricación del Rover 75 a Birmingham e invirtieron alrededor de 230 millones de libras esterlinas (el equivalente a 268,5 millones de euros) en la planta de Oxford.

MINI, también en dimensiones

El 26 de abril de 2001 salió de allí el primer vehículo de serie: un MINI Cooper en un llamativo Chili Red con techo blanco en contraste. Y al observar las dimensiones del MINI One de 2002, el cambio generacional resulta especialmente evidente.

Mientras que el Mini original, con sus modestos tres metros de longitud, fue concebido como un minúsculo coche económico, la nueva generación presentaba un aspecto mucho más maduro. Aún así, incluso el R50 (código interno del nuevo MINI) seguía resultando pequeño... y más, para los estándares actuales.

Mini One (2002)

Mini One (2002)

Foto: BMW Classic

El Mini One medía exactamente 3.626 milímetros de longitud, 1.688 milímetros de anchura y 1.408 milímetros de altura. Con una distancia entre ejes de 2.467 milímetros, este pequeño bólido ofrecía espacio para cuatro ocupantes, además de la seguridad y comodidad de conducción propia de un modelo de su época.

Pero en la práctica, es cierto que en la parte trasera solo podían ir niños... o adultos un poco incómodos. Y el maletero, con sus 150 litros de capacidad, hacía necesario abatir los asientos para alcanza un volumen más razonable, de 670 litros.

Mini One (2002)
Foto: BMW Classic
Mini One (2002)
Foto: Motor1.com Alemania
Mini One (2002)

Mini One (2002)

Foto: BMW Classic

La diferenciación visual entre las distintas variantes del modelo estaba muy bien resuelta. El modelo básico, el Mini One, siempre llevaba el techo del mismo color que la carrocería, mientras que las lamas de la parrilla del radiador y las carcasas de los retrovisores exteriores eran de plástico negro. 

Por poner un ejemplo, en 2004, un MINI One costaba nuevo 14.900 euros en España, lo que hoy en día nos parece mucho más barato de lo que realmente era en la época, ya que el equipamiento de serie no era demasiado extenso... y un utilitario básico podía comprarse por bastante menos dinero.

Mini One (2002)

Mini One (2002)

Foto: BMW Classic

En el interior, el velocímetro central estaba concebido como un elemento retro, pero estaba tan sobrecargado de escalas y medidas, que resultaba difícil de leer.

Como complemento, había un cuentarrevoluciones tras el volante y no faltaban detalles de diseño de lo más peculiar, como el propio volante de dos radios, mandos como el de los intermitentes o la propia consola central.

Mini One (2002)

Mini One (2002)

Fotos: BMW Classic
Mini One (2002)

Mini One (2002)

Imágenes de: BMW Classic
Mini One (2002)

Mini One (2002)

Foto: BMW Classic

Técnicamente, el R50 abría nuevos caminos, con el acelerador electrónico, el ABS, el sistema Cornering Brake Control o el sofisticado eje trasero multibrazo, que aseguraba el comportamiento similar al de un kart; ese que los aficionados siempre han asociado a la marca.

A partir de marzo de 2002, la gama de modelos se amplió con el deportivo Cooper S, con el código interno R53. Un compresor Roots ayudaba al motor de 1,6 litros a alcanzar unos impresionantes 163 CV. Dado que el intercooler ocupaba el espacio bajo la característica toma de aire, la batería se trasladaba a la parte trasera, por lo que el Cooper S salía de fábrica equipado con neumáticos Runflat.

Mini One (2002)
Foto: Mini

Ya en 2003, la serie R50 incorporó por primera vez un motor diésel de bajo consumo, cuyo motor de 1,4 litros y 75 CV procedía de Toyota. Y en julio de 2004, llegó otro hito con el descapotable de cuatro plazas de la serie R52. Al mismo tiempo, llegó una caja de cambios Getrag de cinco velocidades sin tirones, en sustitución de la anterior Midlands del mismo número de marchas.

Con todos estos ingredientes, la primera generación del nuevo MINI se conviertió en un éxito de ventas mundial, hasta que fue sustituida por el R56, en noviembre de 2006, que con 3,70 metros de largo seguía siendo pequeño y que empezó a emplear motores del antiguo grupo PSA.