Poner lado a lado dos MINI separados por más de veinte años no es solo un juego de nostalgia, sino una manera concreta de entender cuánto ha cambiado el concepto de compacto deportivo y cuánto, sorprendentemente, ha permanecido fiel a sí mismo. Por un lado, el MINI One D R50 de 2003, esencial, diésel, todo sustancia y consumo; por otro, el nuevo MINI Cooper S F66, más maduro, tecnológico y potente, pero todavía capaz de sorprender en términos de eficiencia. Las imágenes muestran una evolución evidente en el estilo, las dimensiones y los interiores, hoy dominados por la gran pantalla OLED, pero también una continuidad de carácter. El Cooper S no reniega del ADN “go-kart”, lo reinterpreta con sistemas ADAS, seguridad avanzada y una calidad percibida decididamente superior. Los tiempos cambian, cambian las reglas del juego, pero el MINI sigue siendo un compacto capaz de hacerse notar, tanto ayer como hoy.