En la sede central de BYD en Shenzhen, el futuro del automóvil ya es una trayectoria industrial: tras haber “ganado” la electrificación, la competencia se traslada al software, la IA, los chips propios y la conducción inteligente. Para el grupo, cada vez más una technology company, esta es la nueva frontera de la ventaja competitiva.
En el diálogo con Alfredo Altavilla surge una estrategia dual: reacción y planificación, acelerada por la política industrial china que impulsa la “intelligence”. Un ejemplo es el desarrollo de chips y arquitecturas propias como el Xuanji A3, el corazón de los sistemas avanzados de asistencia a la conducción.
BYD aspira a trasladar estas tecnologías a Europa, en cuanto el marco normativo lo permita, construyendo también una cadena de suministro local con R&D, diseño y producción. El modelo es integrado, rápido y vertical, con una fuerte centralidad de la seguridad y la eficiencia industrial. El objetivo es replicar en Europa el mismo sistema, sin comprometer su velocidad y coherencia.