¿Por qué este Mercedes-Benz 190 tenía dos baterías?
Fabricado en 502 unidades para competir en el DTM, el Mercedes-Benz 190 Evo II contaba con un motor atmosférico de 2,5 litros y 235 CV.
El Mercedes-Benz 190 E 2.5-16 Evolution II fue una de las berlinas deportivas más emblemáticas de los años 90. Presentado en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1990, nació con un objetivo concreto: obtener la homologación necesaria para competir en el DTM, el campeonato alemán de turismos. Tras su aspecto extremo se escondía, por tanto, mucho más que una simple berlina 'tuneada'.
La producción se limitó a 502 unidades, dos más que las 500 exigidas para la homologación. Una decisión ligada a las exigencias de la competición, que aún hoy contribuye a que esta versión sea especialmente codiciada por los coleccionistas.
El motor y la aerodinámica de competición
Entre sus particularidades técnicas destacaban también las dos baterías, una solución poco habitual en un deportivo. En la configuración destinada a la pista, una de ellas podía retirarse para reducir el peso del coche, primando así el rendimiento frente al uso práctico en el día a día.
Bajo el capó se alojaba un motor atmosférico de cuatro cilindros y 2,5 litros con 16 válvulas, desarrollado con la colaboración de Cosworth. La potencia alcanzaba los 235 CV a 7.200 rpm, mientras que el par máximo era de 245 Nm.
El motor se combinaba con una caja de cambios manual de cinco velocidades, diseñada para ofrecer la mejor experiencia de conducción deportiva. La velocidad máxima declarada era de 250 km/h, mientras que la aceleración de 0 a 100 km/h requería unos 7,1 segundos.
Lo que hacía que el Mercedes-Benz 190 E Evo II fuera inmediatamente reconocible era, sobre todo, su carrocería. Los pasos de rueda ensanchados albergaban llantas de 17 pulgadas, mientras que los paragolpes específicos, el splitter y, sobre todo, el gran alerón trasero transformaban el perfil de la berlina.
Mercedes 190 E 2.5-16 Evolution II de 1991, el motor
No se trataba sólo de una cuestión estética: las modificaciones aerodinámicas se desarrollaron para mejorar el comportamiento del coche a altas velocidades. El proyecto también dio sus frutos en competición. En 1992, con Klaus Ludwig al volante, el Evo II se alzó con el título de pilotos del DTM, pasando definitivamente a la historia de las competiciones y consolidando su estatus de clásico de colección.
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