El primer salón de Frankfurt, después de la guerra, se celebró en 1951. Allí, la estrella indiscutible fue el Mercedes-Benz 300, una lujosa berlina con un motor de 3,0 litros y seis cilindros, de 115 CV.

El presidente federal, Theodor Heuss, y el canciller, Konrad Adenauer, lo adoptaron como su coche oficial. De hecho, Adenauer se lo llevó a su visita oficial a Moscú en 1955, para mostrar las virtudes de la joven República Federal de Alemania, que aún estaba en proceso de creación.

Este coche también se convirtió en un símbolo de estatus para numerosas celebridades en todo el mundo, como el Rey Gustavo Adolfo de Suecia o los actores Gary Cooper y Erroll Flynn.

No obstante, el cliente más famoso fue el Papa Juan XXIII, cuyo Landaulet 300 d, fabricado a medida, supuso uno de los ejemplares más conocidos del Mercedes-Benz 300.