Hablando del papa Juan Pablo II, es precisamente a él a quien le debemos el término papamóvil, en el sentido actual de la palabra, con una gran cúpula de cristal (o plástico), para la protección del pontífice frente a grandes multitudes, que llevaba la altura de este vehículo concreto hasta los 2,80 metros.

El Mercedes-Benz 230 G fue prestado al papa para su visita a Alemania, en 1980, y contaba con una especie de vitrina trasera, en este caso de plástico, que se podía quitar si el clima acompañaba. Desde el intento de asesinato del papa en 1981, no obstante, el santo padre solo utilizó el vehículo con la cúpula instalada.

En este Clase G se instaló, por primera vez, una banqueta en lugar del asiento único, y tanto en el techo como en el suelo de dicha parte posterior, se integraron luces para iluminar convenientemente al protagonista. Además, contaba con una caja de cambios diseñada especialmente para poder circular de manera continuada a muy baja velocidad, de alrededor de 3 km/h.