Cualquier aficionado conoce el Mercedes-Benz Clase E, que arrancó con el legendario W124, pero no todos sabrán que el arriesgado cambio a nivel estético en la segunda generación (W210) de este conservador modelo alemán, fue obra del diseñador italiano Bruno Sakko, nacido en Udine, cerca de Venecia, en 1933, que decidió convertirse en diseñador al ver un Studebaker Commander Regal en la calle.

Mientras estudiaba en la Universidad Politécnica de Turín, Sakko fue contratado por Ghia y Pininfarina, pero en 1958 consiguió un trabajo en Daimler-Benz, donde le esperaba una prometedora carrera como diseñador. Además de los dos modelos ya mencionados, también participó en el diseño del Mercedes-Benz 600 (W100), el 230 SL Roadster (W113) o el prototipo Mercedes-Benz C 111, por ejemplo.