Sin lugar a dudas, el ascenso a Pikes Peak es una de las subidas de montaña cronometradas más espectaculares y famosas del planeta, con un recorrido de unos 20 kilómetros, más de 150 curvas y una meta a 4.300 metros de altitud, en las montañas del estado de Colorado, en Estados Unidos. Lógicamente, un reto así requiere coches sobresalientes.

En el año 1987, Volkswagen quiso conquistar la mítica prueba y lo hizo con un prototipo de su exitoso compacto, el Golf de segunda generación, que recurrió a un segundo motor para aumentar su potencia y gozar de tracción total. Este curioso modelo combinaba dos bloques de 1,8 litros y 16 válvulas, como los del GTI, pero con compresor y modificados, capaces de ofrecer 320 CV cada uno. Además, aligerado, el coche apenas pesaba una tonelada.

La participación de este Golf en Pikes Peak parecía prometedora, pero el piloto Jochi Kleint tuvo que retirarse tras un fallo mecánico, justo antes de llegar a la ansiada meta. El coche, no obstante, no se destruyó, como era habitual muchas veces, sino que fue preservado y, recientemente, restaurado.