Muy ligero, simple, con una buena distancia libre al suelo y una ingeniosa suspensión, el Citroën 2CV nació con el objetivo concreto de poder hacer malabares en terrenos complicados y sin asfaltar, y en multitud de ocasiones se ha demostrado que no hace falta mucho más.

Sin embargo, en situaciones realmente extremas, hace falta un poco más de potencia, y quizá tracción a las cuatro ruedas. Esta idea la tuvo un cliente que, en los años 50, modificó su 2CV, instalando un motor 'gemelo' de 375 cm3 y 9 CV en la parte trasera del vehículo.

El fabricante galo adoptó esta idea, pensando en un vehículo para uso militar en el Norte de África, y creó una serie de prototipos, antes de que a finales de los años 60, el modelo llegara finalmente a producción. En este caso, los motores eran dos, de 425 cm3 y con 12 CV cada uno, y se podían utilizar de manera independiente, ya que cada uno contaba con su propia caja de cambios. Así pues, podía tener tracción en uno o dos ejes.

Entre los años 1961 y 1966, se fabricaron 700 unidades de este Citroën 2CV Sahara. Una cifra muy considerable, sobre todo, teniendo en cuenta que costaba el doble que un 2CV básico.