La historia de nuestro próximo 'elegido' lo deja claro: para entrar en el Libro Guinness de los Récords no hay que acelerar hasta las nubes. Es suficiente con mantener una media de 65 km/h... durante 807 kilómetros y marcha atrás, claro está.

Eso es exactamente lo que hizo un canadiense llamado Rob Gibney en 2004. Su sedán favorito, un Ford Crown Victoria, y el circuito oval Race City Motorsport Park, de Calgary, completaron la gesta.