El proyecto naufragó poco después por problemas económicos, con la cancelación de todo el programa y el despido de 50 ingenieros. El Eterne iba a entrar en producción y ponerse a la venta en 2015, con un motor 5.0 V8 de origen Toyota con más de 600 CV y una transmisión de doble embrague con siete velocidades.

El coche prometía 315 km/h de velocidad máxima y una aceleración de 0 a 100 en 4,0 segundos. En cuanto al precio, se había fijado en 140.000 euros.