Aunque ahora los coches eléctricos ya ofrecen autonomías más que decentes, en 2012 este punto resultaba un verdadero problema. La excelente solución (aunque no perfectamente ecológica) que se aplicó en el Opel Ampera, también en el clon Chevrolet Volt, fue incorporar un motor de gasolina no para impulsar el coche, sino para generar electricidad.

Así, este coche se podía utilizar para desplazamientos interurbanos con total calma, ya que superaba los 600 kilómetros sin tener que repostar.