A finales de la década de los 60, la moda de los buggies saltó de Estados Unidos a Europa, y muchas compañías desarrollaron kits de carrocería para que los aficionados pudieran crear sus vehículos de ocio. Entre ellas estaba Karmann, con su GF Buggy (centro), o la firma belga Apal y su Apal Buggy (derecha).

Para los años 80, más de 250.000 vehículos de este tipo, basados en el Beetle, se habían construido en todo el mundo, ya fuera en pequeñas series o como coches únicos.