Fue el Mercedes 300 el que revivió las grandes berlina alemanas después de la Segunda Guerra Mundial. Los ingenieros querían desarrollar un modelo nuevo, algo más bello, más eficiente y, sobre todo, más cómodo.

Así que para demostrar su 'know-how' (estamos a principios de los 50), los alemanes decidieron centrarse en la seguridad y convertirla en la punta de lanza del Clase S. Por lo tanto, el coche estaba diseñado con bisagras y cerraduras más fuertes para evitar que las puertas se desprendiesen en caso de accidente. Pero también añadió frenos de tambor delanteros, de tipo Duplex, con una distribución igual de fuerzas entre las dos zapatas del tambor.

Aunque la imagen muestra un W187 (coupé), las evoluciones son idénticas. Es evidente la intención por ofrecer lujo de muchas formas.