A principios de la década de 1980, la preocupación de General Motors pasaba por varios aspectos. El fabricante realizó una reducción de sus modelos clásicos y se deshizo de los vehículos que más consumían, a raíz de la crisis del petróleo, en 1973. En ese momento, la empresa decidió apostar por automóviles de nueva factura.

En ese contexto, apareció la marca Saturn. Además, los primeros modelos de producción, que se comercializaron en 1990, tenían un diseño muy diferente al resto. Se construyeron en una nueva fábrica, utilizando componentes especialmente diseñados para ellos, y para su venta, incluso crearon su propia red de concesionarios.

Los compradores inmediatamente se interesaron por la nueva marca y después de cinco años, la unidad un millón de Saturn salía de la línea de montaje. Sin embargo, los estudios demostraron que la marca no atraía a nuevos clientes. Como resultado, las ventas de los modelos compactos de General Motors empezaron a disminuir y, por ende, Saturn ya no tuvo el éxito que se le auguraba.

A mediados de la década de 2000, Saturn se había convertido en una marca más, sin mucho tirón comercial, hasta que desapareció en 2010.