Inicialmente, la empresa holandesa Spyker, que existió desde 1880 a 1926, se dedicó a la producción de carruajes y, posteriormente, a los automóviles. A fines de la década de 1990, los holandeses decidieron resucitar la marca, creyendo que el nombre histórico ayudaría a las ventas de modelos deportivos.

El diseño de vehículos exóticos casaba bien con la tradición de la firma. Sin embargo, los grandes costes de desarrollo y producción hicieron fracasar el proyecto. Una grave crisis financiera, en 2008, obligó a la marca a tomar decisiones drásticas. Spyker fue declarado en quiebra a finales de 2014, sin embargo, después de un mes y medio, los holandeses apelaron ante el tribunal y, con mucho éxito, después de medio año de litigios, la compañía reanudó su trabajo.

Desde entonces, Spyker ha anunciado en repetidas ocasiones nuevos proyectos para la producción de coupés y crossovers. Entre sus socios, se especuló con Lotus y Koenigsegg, pero la realidad es que no se llegó a nada concreto.