En la segunda mitad de los años 50, General Motors ocupó el primer lugar en el mercado estadounidense en términos de ventas. Era el mérito cosechado por una amplia gama de marcas: Chevrolet, GMC, Pontiac, Buick, Oldsmobile y Cadillac, destinadas a diversos segmentos y tipos de clientes. Es decir, GM ofreció vehículos para casi todos los gustos y colores.

Ford decidió que expandir la gama tampoco le perjudicaría: Ford, Mercury y Lincoln se unieron a la marca Continental, resaltada en una firma secundaria separada. Pero esto no pareció suficiente para los gerentes.

En 1957, representantes de la empresa anunciaron con orgullo la creación de la marca Edsel, llamada así en honor del hijo del fundador de la compañía, Henry Ford. La marca ocupó un hueco entre Mercury y los costosos Lincoln. A pesar de la publicidad, durante el primer año de ventas, se matricularon unos 70.000 vehículos, pero en dos años, las adquisiciones se desplomaron.

Se buscaron muchas explicaciones, aunque las escasas diferencias con los modelos de Ford y de Mercury, mucho más asequibles, fue fundamental para su caída en desgracia. En solo dos años, Ford decidió abandonar este proyecto.