Muchos fueron los intentos para crear una nueva empresa de automóviles en Rusia. Entre los proyectos más prometedores de los últimos años, encontramos a Marussia. Esta firma fue fundada por el showman Nikolai Fomenko, en 2007, con el objetivo de comercializar superdeportivos rusos, con un precio aproximado de 100.000 dólares.

Consiguió el apoyo de numerosos inversores y las expectativas parecían inmejorables, con el anuncio de numerosos vehículos, como los deportivos B1, B2 y B3, dos SUV, un híbrido urbano y algún que otro modelo más.

Las relaciones públicas activas despertaron interés en los mercados extranjeros. Marussia comenzó a aparecer en los salones del automóvil y los pedidos parecían crecer como la espuma, pero la construcción de los vehículos parecía algo más complicado.

De esta forma, solo se fabricaron unos pocos automóviles de producción, además de un par de docenas de prototipos. Al mismo tiempo, desde el punto de vista de la tecnología, diferían bastante: debido a la incertidumbre con los proveedores, había unidades equipadas con diferentes motores fabricados por Cosworth, Nissan, Audi, Toyota...

El dinero se acabó y Marussia redujo considerablemente el personal y pidió préstamos para continuar con el negocio, pero pronto se supo que la empresa estaba en bancarrota. Algo que sucedió en 2014, suponiendo el final del sueño del superdeportivo ruso.