La segunda generación del Clio, lanzada en 1998, creció en tamaño y cambió la forma general de su carrocería, pero además fue notoria por la utilización de materiales poco convencionales. Uno de ellos era el plástico, usado en las aletas delanteras, para evitar la corrosión (que afectaba al modelo previo). El uso de este material redujo el peso del conjunto y también facilitó el proceso de reparación, en caso de accidente. Además, algunas versiones también tuvieron capó de aluminio.