1602, 2002, 2000, 2800... A comienzos de los años 70, BMW se enredó en una ensalada de números. Con vistas a la nueva berlina media prevista para 1972, las cosas no podían seguir así. Bob Lutz, director de Marketing de BMW en ese momento, ideó un nuevo sistema: primero el número para clasificar el modelo y luego la cilindrada del motor. El resultado fue el Serie 5.

Supuestamente, la designación Serie 5 y las versiones 520 y 525 estaban destinadas a tender un puente con los legendarios BMW 501 y 502. Sea como fuere, las series más importantes de Múnich (Series 3, 5 y 7) han llevado sus nombres desde los años 70, añadiéndose la Serie 1 en 2004. Eso sí, ahora, los dos últimos dígitos indican el rendimiento más que la cilindrada. Por ejemplo, el BMW 530i solo tiene un motor de 2,0 litros bajo el capó.