En términos generales, al volante, las sensaciones son prácticamente las mismas que en el Prius convencional, aunque echando un vistazo a la ficha técnica, descubrimos que algunas cosas sí que cambian. Por ejemplo, el consumo medio homologado aumenta en tres décimas, hasta alcanzar los 4,4 litros cada 100 kilómetros, y la velocidad máxima se reduce hasta los 160 km/h.

Dicho esto, como es lógico, el Prius se encuentra mucho más cómodo en la ciudad y sus alrededores, donde se puede aprovechar al máximo las cualidades de su sistema híbrido, en términos de consumo y aceleración desde parado, así como circular más tiempo en modo 100% eléctrico.

En carretera, tampoco desentona, pero es cierto que el gasto de combustible aumenta. Aun así, resulta un coche confortable en todos los escenarios, algo que valorarán especialmente los ocupantes.