Bajo el capó, el L200 recurre a un propulsor turbodiésel, con 2.268 cm³ y cuatro cilindros, que anuncia 150 CV de potencia y 400 Nm de par, desde 2.000 rpm. A su lado, trabajan un sistema de tracción total y una transmisión automática con convertidor de par, de seis relaciones, que recibe el nombre de INVECS-II.

En líneas generales, el rendimiento del propulsor es bueno, aunque hay que tener en cuenta que debe mover un conjunto que supera las 2 toneladas, de ahí que sus prestaciones no destaquen: alcanza los 171 km/h y acelera de 0 a 100 en 13,5 segundos.

Respecto al consumo, la cifra homologada en ciclo WLTP es de 9,7 segundos y, durante los días que convivimos con ella, la cifra que mostró el ordenador de a bordo siempre fue bastante cercana a ese valor (superior, pero cercana a fin de cuentas).

Respecto a la conducción, obviamente, dista bastante de lo que ofrece un SUV actual, aunque es normal, ya que a pesar de su moderna imagen y su completo equipamiento, sigue siendo un pick-up.

La dirección resulta bastante precisa, el cambio se esfuerza en agradar al conductor y, en términos de confort, cumple mejor de lo que se pudiera pensar, a pesar de que las ballestas en el eje trasero se hacen notar. Bueno, eso y la tendencia sobreviradora que demuestra el conjunto, circulando sin carga detrás o sobre firme deslizante. Un detalle que obliga a ser cuidadosos... o a accionar la tracción total.

Para finalizar, el precio oficial de este L200, con la pintura metalizada, es de 40.500 euros, aunque con las promociones y descuentos por financiación, la cifra puede reducirse hasta los 34.500 euros.